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Afrikan Sciences - Circuitous

8.1 / 10

Circuitous es un álbum que obliga a pensar en diferentes corrientes laterales y en varios mecanismos olvidados en la historia paralela del techno. Obliga a pensar, sobre todo, en la influencia que el jazz entendido en su manera más trascendental, profunda y vanguardista, ha tenido en la evolución del sonido, desde el proyecto Innerzone Orchestra de Carl Craig al swing descentrado de la nueva ola de Detroit encabezada por Omar-S, y que ha permitido la reactivación -tan gloriosa como conflictiva- de genios como Theo Parrish o Kenny Dixon Jr. Pero a la vez lleva a preguntarse por qué nadie se ha tomado verdadera molestia en organizar el recorrido histórico del techno a partir de la evolución del ritmo, en lugar de centrarlo en cuestiones como textura o densidad.

Afrikan Sciences, proyecto del productor californiano Eric Douglas Porter, dice muchísimo sólo con su nombre: primero, se posiciona como un eslabón más en la larga cadena del afrofuturismo -la que lleva de Miles Davis a Drexciya, pasando por Derrick May-, y segundo como un artista racional, experimental, cuya profundidad mental le lleva a trabajar el techno como si fuera jazz, que no es lo mismo que buscar un híbrido techno-jazz que normalmente lleva a juegos de fusión de lo más inofensivo. La 'ciencia' de Afrikan Sciences consiste en disolver el ritmo, reorganizarlo, buscar la disonancia, el error de compás, en conseguir una cierta sensación de mareo.

Hay una larga historia en el techno de tempos que no cuadran con los tempos lógicos. Hay viejas piezas de Underground Resistance que esconden bombos que rompen con la estructura rígida del 4x4 y que siempre son un dolor de cabeza para los DJs que se empeñan en mezclar de manera manual. Hay una corriente subterránea que pasa por artistas como Cristian Vogel, Neil Landstrumm, Justin Berkovi y hasta llegar, hoy, a Actress, Joey Anderson o el citado Theo Parrish, que entienden que el ritmo no es un elemento para hacerle la vida fácil al residente en un club, sino una parte integral -¡y crucial!- del techno como sonido, y que con el ritmo hay que follar, pero también hay que doblegarlo, llevarlo a donde al artista le interese, y no hacia donde el beat de manera natural quiera llegar, en línea recta. Los tempos en Circuitous, pues, son irregulares: nunca se sabe dónde va a caer el próximo beat, cuando parece que hay una repetición cadenciosa rápidamente se rompe la continuidad y se vuelven a desordenar los golpes, o incluso se superponen dos bombos distintos (Evolved In Twists) para que la única opción de disfrute que se ofrezca sea la de la escucha atenta, de principio a final, sin mezcla: es música que quiere vivir en el cosmos, no en el club.

Afrikan Sciences es un proyecto de recorrido corto, pero de resultados notables. Los primeros maxis de Porter, rastreables a partir de 2010-2011, nacieron bajo el ala del revival de Detroit como ciudad del soul, y no como ciudad del motor. Pero el aplauso que se llevaban Kyle Hall o Moodymann no llegaba con fuerza hasta los oídos de nuestro hombre en San Francisco -ni tampoco hasta los de su mentor, Aybee, otra figura de culto, minoritaria pero exquisita, del último techno deep-, y este álbum -el tercero en su cuenta en realidad, pero el primero que tiene números para ser tomado como una obra de profundo calado, gracias a la mediación del sello PAN- debe servir para confirmar un talento que es un puente lógico entre Sun Ra y Carl Craig, entre el jazz cósmico y el techno espacial. La portada de Circuitous no engaña: simula la corona que lleva Sun Ra en el mítico Space is the place, y esa calidez del jazz astral se filtra por todos los minutos del disco: congas, órganos Rhodes, sintetizadores de los que se aprovecha el teclado que fluye, el chasquido de los hi-hats. Y a la vez, la ondulación del ritmo tampoco miente.

Afrikan Sciences es tan consciente de su herencia como de su responsabilidad para con el futuro, y ha urdido un techno inconformista, que se desarrolla por dentro como una escalera de caracol. Cuesta disfrutarlo de primeras porque su lugar no es el club, ni una sala de conciertos, ni siquiera el festival de Montreux, sin los auriculares, ese espacio íntimo, cerrado, que comunica tu cabeza con el infinito. Pero a medida que se repiten las escuchas, se va desmigajando una obra mayor. Lo que Shackleton era al dubstep, Afrikan Sciences lo es al techno profundo y profundamente negro: un laberinto.

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