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Álbumes

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7.4 / 10

dDmage  Aeroplanes ASCETIC MUSIC

Hacen rechinar los dientes y miran a la cámara con el mentón apuntando al techo. Calzan ojeras. Tienen pinta de haber dormido poco. Blanquitos. Chupados. Se nota que toda la energía la invierten en la explosión de ritmos de su arsenal. Les imagino encerrados en el estudio hasta las seis de la mañana, rodeados de aceitosas cajas de pizza, tirando bolas de papel a una minicanasta, apartando la niebla de marihuana con un abanico chinesco. Si fuera de otro modo me sorprendería, porque lo que estos dos franceses sacan de su pitillera es tabaco envenenado en formato retrofuturista. Aunque algo desconocidos en el patio del nuevo beat cubista, dominado por el eje Escocia-Los Ángeles, los Hank Brothers llevan ya una década tocando los bemoles al personal con una trayectoria estrechamente vinculada al hip hop y abierta a toda suerte de injerencias electrónicas; trayectoria que alcanza su pico más elevado de inspiración y definición de estilo en este sorprendente “Aeroplanes”, el álbum que, en cuanto a calidad, le toma el relevo al ya algo lejano y ruidoso “Radio Ape” (2004) para Planet Mu. No están destinados a hacer cosas grandes o cambiar este planeta, ni lo pretenden, pero en lo suyo han demostrado que pueden ser dos bastardos con muy mala bilis.

Pocas concesiones se le huelen a esta roca: está tremendamente bien producido en los detalles, pero tiene una silueta agresiva, macarra, de camping barato. El disco comienza con patadón en el perineo: electro-heavy-postpunk con sobredosis de electrónica lo-fi y acompañamiento de Bomb The Bass y Jon Spencer. “Fuzzbox” es, ante todo, una declaración de principios: les va el rollo guarro. Los clips y los ritmos hip hop con caja de ritmos apolillada conforman el esqueleto de un artefacto con espinas analógicas, gorra de rapero chungo y cresta electro-punk. Sobran los momentos de descongestión sensiblera, como el incomprensible pasaje ambient de “Aeroplanes” o la japonesada gay de “Maeban (Shinshei Mix)”. El disco no necesita descansos. Cuando más pupa hace es cuando más enseña las encías, cuando, por ejemplo, apela en “The Truth” al hip hop con puño americano, la IDM de barriada gitana, a los sintetizadores de máquina tragaperras y a la mala hostia en formato 8-bits. Las rimas coléricas de Sin, Young y Jeezy ponen la guinda a un temazo de locos. Incluso en los achaques más pop, como en la eléctrica “One To Hate”, dejan su sello personal de chisporroteos electro, beats nerviosos y cabriolas con el membrete Nintendo. Lo sintetizadores estilo gitano de la cabra adquieren tintes melodramáticos en “Ray Break”: pura orfebrería pop con sabor a Boards of Canada, pero en clave de épica quilla.

Y es que “Aeroplanes” es puro barroquismo galáctico: a los Hanak Brothers les gusta rellenar el pavo hasta reventarle las costuras, aplicando capas de sonidos a espuertas, superponiendo espirales enfermizas de sintetizadores machacones, y lo cierto es que consiguen llenarte los carrillos hasta que no puedes masticar más. “Pulet Frit”, con el rapper Tes dándolo todo, es un ejemplo perfecto del horror vacui que define los muros de hip hop electrónico de los franceses. Me apasiona la capacidad que tienen para sacarte esa bestia raver que pensabas que se había dormido para siempre. Lo consiguen con dardos envenenados como “Ink 808”, brutal desarrollo electroide con sabor marciano, pulsaciones aceleradas y unos bajos que harían llorar a Aux 88. Y en “Syrup Elephant”, martilleante ritmo de crunk-IDM-industrial con raps de Tes y Crunc Tesla. Incluso en piezas más ensoñadoras, como el momento electro pop buenrollista de “Tarantula”, con los gorgoritos medio cantados, medio recitados de Radionactive, suenan grandes, recargados, rebosantes de energía. El disco muerde, deja sus caninos marcados en las chichas del oyente; quizás no durará en el disco duro de vuestro ordenador más de 2 meses, pero, diablos, si algo está claro con estos dos pirados es que serán dos meses de dolor, porros y ojeras. Pero sobre todo porros y dolor. Mucho dolor.

Óscar Broc

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