Advance Base Battery Life Advance Base Battery Life

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Casiotone For The Painfully Alone Casiotone For The Painfully AloneAdvance Base Battery Life

7 / 10

Casiotone For The Painfully Alone Advance Base Battery Life TOMLAB

A Owen Ashworth las miniaturas de pop doméstico le salen solas, parecen desprendérsele del cuerpo. Como Joe Crepúsculo, me despierta las ganas de intentar hacer música. La composición y su logística del pop parecen algo ¡tan sencillo de llevar a cabo! Pero no lo es, claro... Con su anterior disco intentó complicarse la existencia y le fue bien. " Etiquette" (2006) le gustó a todo el mundo y él, como artista, se encontró abriendo puertas y cerrando heridas. Exploró los espacios de su música como nunca, les ensanchó con nuevos instrumentos y hasta lo presentó todo ello en directo con un formato de banda impensable en él. Parecía anunciar un radical giro de estilo que su inminente nuevo largo, “Vs. Children”, se encargará de confirmar o desmentir. Como anticipo, el de Chicago nos ofrece en “Advance Base Battery Life” quince temas (versiones, nuevas tomas...) desperdigados en su momento en singles, recopilaciones y splits. Muy para fans, sí, pero también una manera ideal de penetrar en su discografía.

El hip-hop, la americana y el synth-pop siguen siendo sus principales obsesiones reconocidas. Todo sigue en su sitio: su perezoso fraseo, la fabulosa voz de Jenny Herbinson, la portada en tonos pastel, el habitual tapiz lo-fi a base de sintes, loops, samples y cajas de ritmos... Lo que más llama la atención son las geniales versiones de artistas tan dispares como Missy Elliott ( “Hot Boyz”), el ubicuo Paul Simon (“Graceland”) o Bruce Springsteen, de quien recupera “Born in the U.S.A.” y “Streets of Philadelphia en clave de techno-pop inflamado y con coros telúricos, aportándolas el humor que nunca tuvieron. “It’s a Crime” y “Lesley Gore on the T.A.M.I. Show” son ejemplos de métrica preciosista y pulida; parecen textos de Stephin Merritt. “Missoula” y “The Only Way to Cry” son retales de medio minuto tan voluntariosos y a la vez tan inútiles como unos subtítulos blancos sobre blanco (“White on White”). Entre guiños a Tom Tom Club (“Old Panda Boys”) y sobredosis de ansiolíticos, todo en su ultrasensible universo parece robóticamente triste: las disculpas se reciben por SMS, se llora en cines vacíos, se huye en taxi, el sexo se practica desenfocado, las flores sufren de los nervios y las cartas nunca llegan a su destino. Y mientras, él, no para de gastar vidas de repuesto.

Cristian Rodríguez

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