Acid Rap Acid Rap

Álbumes

Chance The Rapper Chance The RapperAcid Rap

8.1 / 10

Con el acné recién curado y el testículo derecho todavía en fase de bajada, Chance The Rapper se ha convertido en lo puto más en las calles de Chicago. La megacity de Illinois ha dictado sentencia y ha convertido los raps nasales del jovencísimo MC –20 años de vida– en auténticos himnos; pasajes casi bíblicos que hablan con una extraña y nostálgica poesía de las calamidades de una urbe hostil, nociva y rezumante de violencia. Eso sí, a diferencia de Chief Keef –sin lugar a dudas el Sith Supremo del Lado Oscuro de Chicago–, Chance prefiere utilizar la voracidad de esta jungla de rascacielos como catalizador para verter a la atmosfera un discurso street ‘p’adentro’ en el que imperan las reflexiones, la melancolía, los recuerdos.

Lo que nos lleva a otro nombre inevitable cuando se analiza este álbum autoeditado: Kendrick Lamar. El concepto, el modo de escupir rimas con la tocha, la tendencia a fusionar melodía y rap, la apasionante conversión del rapper de barrio chungo en cosechador de nostalgia y lamentos… Ha seguido el camino más difícil, como Kendrick, y dicen algunos que su paisajística es mucho más rica y confesional que la de su homólogo angelino. Discutible, a mi modo de ver, aunque quedarse en la comparación sería perder más tiempo del debido. Chance The Rapper no está a punto de apoderarse del cetro del rap de Chicago porque sí: es una figura distinta, un disidente de la brocha gorda, un esteta de la sílaba, un producto destinado a perdurar más allá de los tópicos violentos, algo que quizás no podríamos decir de ilustres conciudadanos suyos, como Lil Durk o el mencionado Chief Keef.

Sorprende la facilidad con que el personaje y sus estrategias han seducido a todo tipo de sensibilidades. Chance tiene el toque, el talento y el halo de los grandes rappers, y consigue llegar –a veces parece que incluso sin proponérselo– a todo tipo de consumidores de hip hop: gusta a los nerds, a los raperos adultos, a las nuevas hornadas de fans, a los freaks, a los amantes de la vieja escuela, a los amantes del rap electrónico modernillo, a los puristas, a las chicas, a los blancos. Incluso le respetan desde las trincheras más hardcore de su ciudad. Lo cierto es que en el plano musical, “Acid Rap” es una pócima inclusiva en la que ingredientes tan dispares –pero a la sazón tan negros, tan Chicago– se acoplan con precisión molecular para dar forma a un sonido refrescante, nuevo, fresh out the box. Por supuesto, el juke se dispersa en muchas zonas del tracklist como dulce neblina que nos recuerda de dónde viene nuestro héroe. Asimismo, productores como Cam (J.U.S.T.I.C.E. League), Nate Fox, Ceej o Brandun Deshay recurren al soul urbano, a la psicodelia negroide, al ragtime, al góspel, al jazz… Sonidos decididamente mellow que se ajustan como un corsé de silicona a las curvas vocales de un esteta de la palabra en letras mayúsculas.

Y es que Chance no sólo escribe como Dios, también posee un estilo de rap camaleónico que funciona en una longitud de onda nasal 100% The Pharcyde. A veces cercano al scat, otras directamente cantando soul, aplicando siempre toneladas de melodías mareantes a los fraseados, el de Chicago juega con las palabras como si fueran barro; las moldea, superpone, de repente usa voz de dibujos animados, y entonces las estira, enrolla y escupe a toda velocidad para después calmar las aguas con rimas cantadas, incluso con algunas carcajadas furtivas. Su rollo es jodidamente adictivo –si el hitazo “Juice” no os seduce buscad otro disco–, tienes la sensación de escuchar a un prodigio de la rima en el albor de una carrera esplendorosa. Por si fuera poco, las letras son delicatesen. Nostalgia, profundidad, reflexiones crepusculares, menciones a homies asesinados –Chicago, qué esperabais–, recuerdos de infancia… Chance firma unos textos que empequeñecen las diatribas psicodélicas del clásico rapper adicto al jarabe y perfila el producto con un acabado lírico de altísimo pedigrí. Aquí hay historias, no one liners, y lo mejor es que en ningún momento los chispazos de nostalgia te abruman. Chance tiene la capacidad de aligerar la carga con electrodos humorísticos como una inflexión vocal surrealista, una melodía intercalada, un juego de palabras imposible o un truco que te deja sin aliento en el sofá. Chicago Hope, esta vez sí.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar