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Justice JusticeAccess All Arenas

7.7 / 10

Hay gente que odia a Justice, y puede tener su parte de razón. Aquella foto que ha circulado tanto por internet, en la que se ve a la pareja parisina pinchando con todo el equipo desconectado y sin cables –y que no tiene visos de ser un fake– ha sido un arma eficaz para cuestionarles su autenticidad y arrojarles un poquito de mierda encima, ocupación principal de quien se dedica al troleo en sus ratos libres. En realidad, cuando empezó el boom popular de Justice con el primer álbum ya había un rastro de sospecha importante en todo lo que hacían: las similitudes con los Daft Punk de “Discovery”, el aspecto de jeviata sucio, la epiléptica puesta en escena de su directo. Pero había un contrapeso importante, que era la fuerza incontestable de sus hits. Sin prejuicios encima, para qué negarlo, estos tíos son un rodillo. Es evidente que si comparamos a Justice con Kraftwerk son Gaspard Augé y Xavier de Rosnay los que salen perdiendo, pero si los circunscribimos a su propia liga, la de la música dance de masas con trasfondo rockista y apologeta del ‘ponerse como Las Grecas’, han sido desde los días de “Never Been Alone” una de las más sólidas realidades del raveo guarro, sin duda el nombre más importante que ha dado esa rama del entretenimiento desde que de The Prodigy empezaron a perder los papeles.

“Cross” (2007) y “Audio, Video, Disco” (2011) no son obras maestras incontestables como sí las fueron “The Fat of The Land” y “Homework”, pero ahí siempre ha habido bastante chicha, sobre todo en el primero, miga suficiente como para respetarles por lo que han hecho (en vez de despreciarles por lo que han mangado, que también). Del segundo álbum de Justice se podía aprovechar menos, y “Access All Arenas”, en cierto modo, lo ratifica: de los 14 cortes que incluye esta grabación del 19 de julio del año pasado en la plaza de toros de Nîmes (en realidad 13, descontando la pista de griterío de fan exaltado antes del bis), seis son de “Audio, Video, Disco” y el resto del primero. Pero no sólo eso. Es en la mayoría de piezas de “Cross” donde se concentran los picos de intensidad, euforia y clímax. Y con tanta proteína electro-rock, ahora Justice nos inyectan un chute virulento para apaciguar el síndrome de abstinencia que pueda haber causado el fin de su última gira, que pisó todos los festivales de Europa con sus armas ya conocidas: las cruces luminosas, la falsa muralla de amplificadores Marshall, la iluminación estroboscópica y la batería ametrallada de hits (siempre sospecharemos de pre-grabado o del 'tocar botones' con el que se ataca siempre a los cachorros de la EDM, pero eso en una grabación, con el proceso ya consumado, no importa tanto). Y es un disco a la altura de los esperado, no porque ya lo conociéramos en sus detalles, sino por la excelente calidad del audio, que a pesar de su cerderío (frecuencias graves con tembleque y agudos oxidados marca de la casa) favorece mucho a momentos como “D.A.N.C.E.” o “Phantom”. Ocurre con “Access All Arenas” lo mismo que con el “Alive 2006” de Daft Punk: que por lo bien estructurado que estaban en el momento de sonar en vivo, resulta todavía más excitantes en el diferido, cuando te lo pones por la calle y te lleva en volandas de un sitio a otro.

Justice no tienen tanto repertorio como para ofrecer sorpresas, y no las hay: es lo de siempre, una intro épica con “Genesis” y los momentos estratégicos dispuestos con picardía a lo largo del trayecto, casi siempre una alternancia inteligente de ‘una de Cross, otra del otro’ para no quemar los mejores cartuchos con demasiada urgencia e ir trazando el argumento hasta conducir al final, donde ya se pone toda la carne en el asador: el instante de chirridos de “Stress” empalmado con “Waters of Nazareth” a pocos minutos de hacer ver que se van, pero no, que vuelven, y rematar con “On’n’On” y “Phantom pt. II”. Todo eso es, si uno se mete en el marasmo de crescendos, punteos de sinte virtuoso y bombos farloperos, absolutamente satisfactorio. Y luego están los regalitos: citas a hits ajenos y piezas memorables (como la “Tocata y Fuga en Re Menor” de J.S. Bach en la intro, o la línea de bajo de “Billie Jean” justo cuando empieza “Strees”, la letra de “We Are Your Friends” antes de “Waters” o la pirueta de bajo del “Kiss” de Prince en “Phantom”) que aligeran la idea de Justice como dos franceses maleducados y ligeramente cavernícolas que se tiran pedos delante de los periodistas (historia real) y les dan un pequeño barniz de sabiduría pop. Y así, “Access All Arenas”, sin ser la quintaesencia de lo original, se convierte en un buen disco para entretener las próximas mañanas de sábado de la primavera. Sin malos rollos.

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