Abandoned City Abandoned City

Álbumes

Hauschka HauschkaAbandoned City

7.9 / 10

Dice Volker Bertelmann que el nacimiento de su primer hijo le propinó un chute de energía tan difícil de canalizar que tuvo que sentarse al piano para soltar todas las sensaciones que llevaba dentro. Y así, en una maratón frenética de diez días, fueron saliendo las piezas de este “Abandoned City” que luce un título en las antípodas de la felicidad -cada tema está dedicado a una ciudad abandonada o enclave desierto-, pero un sonido reflejo de su plenitud. En el que es su séptimo álbum oficial, sin contar remixes ni piezas extensas, aunque sí colaboraciones ( “Silfra” fue una manera de atraer a oyentes ortodoxos de música clásica, gracias a la participación de la violinista Hilary Hahn), Hauschka ha vuelto al lenguaje con el que comenzó, que es el del piano preparado. Y de este modo, la creatividad tumultuosa se mezcla con la oscuridad del título para dar forma a nueve composiciones de piano espectral -los sonidos tienen una cierta oquedad por dentro- envuelto en tonos analógicos. Si eres de los que tienen en un lugar de privilegio en tus estanterías (o tus playlists de Spotify) los discos de Francesco Tristano, lo nuevo de Hauschka te dejará plenamente satisfecho.

Lo que buscaba Hauschka era volver al piano en su expresión más cruda. Su manera de tocar no ha evolucionado de manera dramática, sus composiciones están basadas en una digitación veloz en intervalos muy próximos, lo que la acerca al lenguaje impresionista (sí, otro discípulo tardío de Debussy), pero sobre todo al minimalista americano. Son notas que golpean como gotas de lluvia, pero lo suyo no es una llovizna suave, sino un chaparrón que se vuelve granizo: la resonancia es grande, la textura plana, el piano se vuelve un arma violenta por un lado y suave por la otra, como un manotazo. Por momentos incluso se acerca al jazz (o al jazz como lo entendería un productor techno: “Thames Town”, “Bakerville” y “Agdam” tienen mucho del “Strings of Life” de Derrick May y otros clásicos de Detroit), pero sobre todo se gusta en la versión más ambiental de la música de cámara, como en “Who Lived Here?”, o del minimalismo adaptado al lenguaje cinematográfico ( “Craco”). Perfecto para fanáticos intransigentes de John Cage y del romanticismo light de Ludovico Einaudi, fácil de apreciar para exploradores del post-piano y de la vertiente pop del instrumento, “Abandoned City” es, en su género, un disco mayor.

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