7 AM 7 AM

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Teengirl Fantasy Teengirl Fantasy7 AM

8 / 10

Teengirl Fantasy 7 AM

MEROK

Primero fue “Tarot Sport” ( Fuck Buttons), la mejor y más actualizada invitación a entrar en trance de los últimos años. Aterrizó luego, por sorpresa, el extenso “Touched EP” de Blondes, y parecía intuirse una corriente según la cual los indies se aburrían (una vez más) de las guitarras y empezaban a funcionar bajo la influencia de las pastillas del amor sin perder la aproximación lo-fi al sonido –cosas de la edad y el poco dinero, cambiando guitarras de resultados folkies por sintetizadores de desguace–. Ahora, “7 AM” sitúa un tercer ejemplo válido sobre el tablero (y no nos olvidemos tampoco de Glasser). Se dice que cuando hay dos fenómenos parecidos hay que hablar de coincidencia, pero cuando son tres o más tenemos una tendencia en marcha. Aquí está: white kids on ecstasy (redux), renegados del pop indolente y del ruido blanco confluyendo en un sonido que aspira a detener el tiempo y concentrar toda la felicidad en un solo segundo. Atención al título que han escogido Teengirl Fantasy –Nick Weiss y Logan Takahashi, con su base de operaciones en Amsterdam, ciudad en la que cursan estudios– para el que es su debut oficial en largo: ese momento en el que la noche y el día se confunden, el final de la fiesta, el primer instante de silencio una vez se ha apagado la música, o el momento en el que suena el último disco del DJ, ese vinilo que dicta la sentencia de la fiesta: ¿ha sido memorable o para olvidar? Como planteamiento contrario al “3 AM Eternal” de The KLF –resumen del reloj parado en el momento cumbre de la rave–, Teengirl Fantasy apuestan por el proceso del bajón, cuando toda la energía debe escapar finalmente del cuerpo como el vapor en una olla a presión y encontrar esa placentera paz del descanso.

“7 AM” juega a crear una ansiedad: anuncia desde el principio una orientación house, de canciones articuladas por el esqueleto de un bombo, pero en la práctica es un juego del escondite porque también anuncian desde el principio lo contrario. Por ejemplo, la portada, en tonos difuminados pre-shoegaze, que está entre un diseño para los viejos discos del sello 4AD y los de los primeros discos IDM editados en Inglaterra u Holanda, avisa de que Teengirl Fantasy también pueden jugar la carta de los años ochenta, la nostalgia y el recuerdo emborronado de recuerdos que nunca se tuvieron en realidad y que han sido recreados con insistencia en la pantalla de Youtube. Y, como ocurre con algunas de las pistas del disco de Blondes, hay una indecisión muy beneficiosa entre el trance y la hipnagogia, entre el baile desatado –que aquí está siempre domesticado con rigor– y la melancolía plasmada en imágenes de pensamiento borroso. Esta aparente incongruencia entre los ochentas amables y los noventas encendidos ellos la resuelven por la vía del sonido balearic: suenan veraniegos y costeros, el ritmo suele ser lento aunque de pegada constante, unos 90 bpms de media que ayudan a mover el pie mientras se está tumbado soñando con las estrellas, y que no distraen de lo realmente importante, el preciso masaje de ambientes que aplican sobre todo tu cuerpo. “Dancing In Slow Motion” –con la voz de Shannon Funchess (Light Asylum) es un proto-R&B que hunde sus raíces en Prince y los himnos apasionados del Paradise Garage (más unas campanillas muy synth-pop)–, es lo más carnal, lo más sexual, a lo que alcanzan a llegar los chicos de Ohio: todo lo demás es angelical, asexuado, como corresponde a una genuina experiencia mística y extática. El peso del disco lo llevan las capas de ambientes que ya desde “Vibes” marcan un territorio eminentemente sensual: aquí son texturas erosionadas, como improvisadas en vivo, mientras que “In An Arena” viene con el latido flojo de un bajo dub y unas olas de playa como las de 808 State. Administran a la perfección la tensión, muestran y esconden el beat –su manera de disimularlo es rebajar su tempo y sacarlo del primer plano, como si fuera un eco en la distancia–, y poco a poco el disco va haciendo camino sin poder despegarse de él.

Al final, “7 AM” explosiona como un globo al que no le cabe más aire. Una vez el slow disco de “Make The Move”, el house a cámara lenta de “Floor To Floor” o la psicodelia tribal de “Forever The Feeling” han forzado los límites de la tensión, ese ponerse de uñas porque la velocidad no se incrementa y los pies no se animan, Teengirl Fantasy avisan con “Koi Pond” –dos minutos de ambient nebuloso y otros dos más de house exultante– y culminan su buena faena con “Cheaters”, la invasión trance glo-fi perfecta y definitiva, con su ya identificado sample del oscuro proyecto disco de los 70 ( Love Committee y su “Cheaters Never Win”), su empuje épico y sus notas sintetizadas con textura de láser. Un momento de clímax bien guionizado y mejor ejecutado que le da un plus de valor a un debut valiente, contemporáneo y con perspectiva de futuro: es ahora cuando Nick y Logan pueden plantearse un segundo LP en el sentido contrario, de la celebración eufórica a la paz eterna. Lo importante es que un dúo con talento ha empezado a andar en la dirección correcta. Javier Blánquez

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