A/B Til Infinity A/B Til Infinity

Álbumes

Egyptrixx EgyptrixxA/B Til Infinity

7.6 / 10

Egyptrixx firmó la segunda referencia de Night Slugs en aquellos días tempranos de 2010. Era “The Only Way Is Up”, un zumo batido de dubstep, UK Garage e IDM en el que también asomaban artistas que con el tiempo se han vuelto familiares para todos los aficionados a la música de baile innovadora: Kingdom, Ikonika… Eran los días en que sellos como Night Slugs o Numbers, con sus timbres de neón, sus beats oblicuos y su reformulación de la historia rave, hacían de cada nuevo maxi un acontecimiento plagado de bocinas, destellos deslumbrantes, beats cojos y bajos elefantiásicos. Pero pasaron los meses y Egyptrixx optó por seguir un camino distinto. Él no era inglés, producía desde Canadá, y lo que le unía a la tropa londinense no era el amor a la pastilla, sino la dedicación a los sonidos inestables. Y mientras Girl Unit, L-Vis 1990, Mosca, Bok Bok y Jam City armaban el nuevo pelotón de soldados del post-grime, él se había refugiado en la IDM.

“Bible Eyes” fue un disco mal comprendido en su día porque de él se esperaban mutaciones bailables, y no una mezcla entre Burial, Autechre y Drexciya con unas cuantas setas alucinógenas de más. Pero en un código estrictamente home listening, fue uno de los álbumes de electrónica más valientes de 2011; acumuló el suficiente prestigio como para esperar pacientemente dos años hasta que a David Ptsuka le diera por volver. Han sido dos años de silencio escrupuloso rotos con la publicación del single “Water (Reduced)” en octubre: sin avisos, sin hype, sin grandes esfuerzos de promoción. Esta discreción va a penalizar sin duda a “A/B Til Infinity”, que aparece en un mes estratégicamente erróneo aunque lo suficientemente vacío de novedades atractivas como para que no se pierda entre el marasmo. Y es justo lo que necesitaba: mientras Night Slugs y Fade To Mind van en una dirección todavía dura -hard house, R&B y grime sobrealimentado de frecuencias medias-, él sigue ensimismado en una estética ensoñadora y acuática, que mira más a las estrellas que a las tetas de las chicas. Normal que lo vean como uno de los suyos, pero en la distancia transatlántica. ¿Encaja en el sello? No, como tampoco lo hacía “Bible Eyes”. Este es material más para Warp, para Tri Angle, para Software. Pero no hay que fijarse en la etiqueta del vinilo. Eso es lo de menos.

Egyptrixx construye piezas con cuerpo musculoso, pero formas ligeras. Normalmente lanza una capa ambiental ( “Adult”) y la reviste de bajos que prometen desmoronarse, arpegios épicos ( “A/B Til Infinty”), efectos como de pistola láser y solemnidad cinematográfica. Como si fuera un Oneohtrix Point Never con los pies en el suelo poniéndole música a un documental sobre revoluciones políticas en el corazón de la civilización occidental, Egyptrixx oscila entre el ejercicio de estilo -mira QUÉ Warp soy cuando quiero, viene a decir- y el cansancio del club: el suyo es el artefacto perfecto para la bajona (para recuperarse de manera homeopática tras un mal viaje lisérgico) o para la escucha profunda, para el trabajo enrabietado o las caminatas a paso rápido en las noches frías. Alguna vez mira a Detroit (vía Leeds, o Rotterdam: “Alta Civilizacion”), pero casi siempre al cielo oscuro de la noche ( “Bad Boy”), o a las honduras del alma ( “My Life Is Vivid, My Eyes Are Open”). No disfrutará del mismo efecto sorpresa de “Bible Eyes”, pero es necesario asomarse al borde de este álbum e inspeccionar lo que flota en él: aunque su historia no nos suene nueva, sí nos suena atemporal y bien hilada.

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