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¿Puede este niño ser un meme de extrema derecha?

Spoiler: puede. Y con un asesinato detrás

Podría estar protestando por un plato de acelgas para cenar, si no estuviera en un estadio.

Podría estar protestando por algo que él mismo entendiera, si el gesto de este niño de cinco años no fuera producto de un entorno politizado.

El meme, popularizado por aficionados al fútbol para mostrar firmeza en las propias posiciones y desacuerdo en las del contrario, tiene un origen muy concreto.

Miércoles 8 de mayo de 2002, 20:45 de la tarde. El Feyenoord y el Borussia Dortmund juegan la final de la Copa de la UEFA en el estadio del primero, en Rotterdam.

Ambientazo. Van Persie, Tomasson, van Hooijdonk, Reuter, Kohler, Amoroso: los jugadores se saludan y forman alrededor del centro del campo. Pronto los gritos de ánimo de cada afición se dividen en dos tipos de sonido diferentes.

Uno es el sonido mudo, el del silencio del minuto que la UEFA ordena guardar en memoria de Pim Fortuyn, el político de extrema derecha asesinado a tiros solo dos días antes. La mayoría de aficionados holandeses lo respetan.

El otro es el de los pitos y abucheos, clarísimos al oído neutral, de la hinchada del Dortmund. Muchos aficionados del Feyenoord, algunos de ellos portando retratos de Fortuyn, responden alzando su dedo corazón hacia los alemanes.

Uno de ellos es él, Mikey Wilson, que con cinco años reproduce el gesto que ve a su alrededor en las tribunas del estadio De Kuip. El fotógrafo de Reuters Jasper Juinen capturó una imagen que, despojada de su contexto político, ha utilizado una cantidad incontable de internautas.

Finalmente, el Feyenoord ganó 3-2 y, aunque en la calle hubo disturbios, las celebraciones oficiales tuvieron un perfil bajo por la muerte de Fortuyn, nacido en Rotterdam y con cuya vida había acabado Volkert van der Graaf, que aseguró haberlo hecho alarmado por la manera en que el político estaba "usando como chivos expiatorios a los migrantes, los musulmanes y los miembros más débiles de la sociedad para conseguir poder".

Fueron dos días, los que separaron y a la vez unieron la muerte del político ultra con el último gran triunfo del Feyenoord, emocionales para los habitantes de la ciudad con el puerto más grande de Europa. Hasta para los más pequeños, miméticos con un mundo adulto que no necesita mucho para convertirles en héroes de internet.

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