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Por qué hay que acabar con los entrenadores que usan metáforas militares

Infantilismo y chantaje emocional: las dos lacras del coaching deportivo

¿Qué haríais si te viene un coche bomba y la vida de todos tus compañeros está en juego?

La pregunta suena más retorcida aún si tenemos en cuenta que es la que le hizo un entrenador de baloncesto a sus jugadores antes de un partido. Concretamente, Mike Krzyzewski al Dream Team estadounidense. 

No se le ocurrió otra manera de presentarle a sus veinteañeros a Scott Smiley, un veterano de la invasión de Irak que perdió los ojos y parte del cráneo precisamente por eso. Por desactivar una bomba destinada contra su unidad militar. Smiley les contó a los Durant, Irving o Carmelo Anthony lo jodido que es quedarte ciego, con la mitad del cuerpo paralizado y pensar que todo se había ido a la mierda.

En realidad, todo no. Según el exmilitar, ahí estaban su mujer, amigos y excompañeros para demostrar que no estaba solo. "El equipo", les dijo.

"Os animo", siguió, "a que sintáis el mismo orgullo que nosotros al llevar esa bandera en nuestros brazos, formando parte de este equipo haciendo un sacrificio. Luchad tan fuerte como podáis para traer a casa ese oro. Sé que lo vais a hacer".

Al poco, Smiley le preguntó a Carmelo Anthony "¿Vas a traerte el oro a casa, verdad, Melo?".

Cualquiera dice que no.

Afortunadamente, aunque los gurús del coaching hagan equipo con las metáforas militares, el baloncesto sigue yendo de meter canastas. Quizá esta extraña motivación tenga que ver con la formación del entrenador Krzyzewski en la academia militar de West Point, pero no hay duda de que ejemplifica bien dos lacras a las que se enfrenta casi todo deportista de selección nacional.

Por un lado, es difícil no catalogar de chantaje emocional este coaching. Si alguien que ha estado a punto de morir "por una bandera" te dice que ahora el testigo es tuyo metiendo canastas, y tú fracasas, no es para sentirse muy bien. Tampoco parece tener demasiado sentido utilizar el apoyo de tus amigos durante un periodo de convalecencia tras gravísimas heridas —casi mortales— como metáfora para que los jugadores de un equipo se apoyen entre si.

Y si la idea a transmitir, entrenadores del mundo, es que a veces las individualidades tienen que sacrificarse por el bien común, ¿por qué no decírselo así, con esas palabras, a los jugadores?

Tienen veintipico años, no tres. Seguro que van a entender el concepto.

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