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¿Por qué en las finales tenemos que aguantar a los mismos grupos neutros de siempre?

Podría ser peor, podría ser David Guetta, pero Black Eyed Peas tocará en la final de Champions. ¿Qué hemos hecho para que el pop de ascensor nos torture así? ¡Que acaben ya y que empiece el partido!

"No están mal", "para salir de fiesta me sirven" o "me gustaban antes de 2007". Con esos comentarios podría definir la mayoría del público a los grupos que contratan para tocar en los grandes eventos del fútbol mundial.

El año pasado Alicia Keys se llevó la atención de la previa de la final de la Champions League. Nadie va a decir que no tenga talento, pero acabó con la paciencia de los aficionados del Real Madrid y el Atlético de Madrid, a quienes no les importaba en absoluto cómo acababa su tema la cantante, deseando saber ya si su equipo subía al cielo o descendía a los infiernos en menos de dos horas.

Tres cuartos de lo mismo con Andrea Bocelli clavando el himno de la Champions. Muy sentido, pero pintaba menos en el Giuseppe Meazza que Dan Bilzerian en un mítin de la CUP.

Para la final de este año el grupo elegido es Black Eyed Peas. Todo el mundo parece soportarles y tienen muchos seguidores, pero ¿qué aportan a una final de Champions League? ¿Concuerda el pop mainstream con el espíritu grupal y combativo -dramático también- de esa noche?

¿Es el momento de dejar de contratar a grupos neutros y musicalmente más blancos que la Décima para apostar por algo más punk, o más pesado, o más rápido? Y si hablamos de que la condición es que sean superventas... ¿nadie se imagina a Iron Maiden calentando la final de un Mundial?

Sería mejor espectáculo que el que dieron Jennifer López y Pitbull en Brasil'14. Seguro.

Al menos Pitbull estaba algo alejado del prototipo mainstream de música de ascensor, aunque se tuvo que cortar con la letra de su canción en la cita mundialista.

Por esto hay que felicitar de alguna forma a la FIFA: inventó, desde el desconocimiento y su afán inofensivo, el reggaeton capado.

Hasta David Guetta inundó con el house más soso la Eurocopa'16 de su Francia natal.

Ni la FIFA ni la UEFA se atreven a jugársela con estilos más perfilados y atrevidos. Optan por ser esclavos de los estereotipos que prefieren grupos de los que nadie se queje pero que entusiasman a pocos. Música para todos los públicos.

No se puede explicar de otra manera que artistas hip hop como Drake, Bad Bunny, Kendrick Lamar o Joey Badass no hayan pisado el césped de alguna gran cita. El rock tampoco tiene hueco. El estigma de ser demasiado ruidoso le mata ante los ojos de los que mueven los hilos del fútbol mundial. Y esto sirve tanto para Guns'n'Roses como para Radiohead.

Joseph Blatter y compañía demostraron que eran más de Anastacia o de Ricky Martin moviendo las caderas con su "Copa de la vida":

Gianni Infantino y Aleksander Ceferin, como nuevos y actuales presidente de la FIFA y la UEFA respectivamente, quizá se planteen cuánto tiempo más mirará el público el reloj durante los Waka Waka neutrales y los temas made in Il Divo -que fue la antítesis hecha grupo de música del cabezazo de Zidane en el Mundial'06- o Nelly Furtado.

Lo raro es que aún no haya tocado Coldplay antes de ninguna final.

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