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Este tío piensa que somos gilipollas

¿Qué se supone que tenemos que hacer respecto al fraude fiscal de algunos futbolistas? ¿Insultarles, perseguirles, pegarles? Porque el ministro español de Hacienda dice que es en parte culpa nuestra

Paro de trabajar para comer algo rápido para seguir trabajando. Una desagradable voz me saca la cabeza del móvil. Viene de ahí arriba, del televisor del bar. Es Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda y Función Pública, recordándonos que somos gilipollas.

"Me desagrada que no haya un reproche social a esas conductas públicas, creo que la sociedad española debe actuar de forma contundente porque el que roba a Hacienda nos roba a todos", dice, preguntado por la oposición sobre el presunto fraude fiscal de varios futbolistas de élite desvelado hace diez días por Football Leaks.

La madre que me parió. A ver si lo entiendo. ¿Que yo, como parte de esa 'sociedad española' de la que habla el señor Burns, y especialmente por ser aficionado al fútbol, debería 'reprochar contundentemente' a Cristiano, o a Messi, o a sus agentes o a quien quiera que cometa un puto delito contra la Hacienda pública?

¿Reprochar contundentemente qué es, insultarles en Facebook?

¿Colarnos en alguna de sus prohibitivas urbanizaciones a montar guardia en la puerta con una pancarta hasta que sus guardias de seguridad te peguen una paliza?

¿Dejar de ver un partido?

¿Quién tiene las herramientas para legislar y hacer cumplir esa ley?

El telediario emite mientras imágenes de aquel puñado de personas que no tuvo mejor idea que recibir a Leo Messi, condenado a 21 meses de cárcel por fraude fiscal, al grito de 'Messi, campeón' cuando fue al juzgado a declarar. Repito, un puñado de personas movidas por una peregrina ceguera, no "la sociedad". Como tampoco aquellos días se le ocurrió a "la sociedad" el insulto al civismo en forma de campaña 'Todos Somos Messi' del FC Barcelona, con la participación activa de su presidente Josep Maria Bartomeu, y que aquí calificamos en su momento de 'ridícula' y 'desastre'.

"Conductas públicas" le llama Montoro, con su victim-blaming casposo, a un saqueo social eficaz. No hace falta ser Noam Chomsky para saber que el grueso de la evasión fiscal ocurre siempre por arriba, y no por abajo, y que es un gigantesco mecanismo de reproducción —y radicalización— de la sociedad de clases. Dicho llanamente, cuanto menos pague el Cristiano o Messi de turno, mayor posibilidad hay de que me toque pasar una urgencia en un pasillo de un hospital o de que mis hijos den clase con el abrigo puesto porque el colegio no pueda pagar la calefacción.

Montoro es quien aprobó en 2012 una amnistía fiscal para evasores, incluyendo el dinero que estos tenían en paraísos fiscales. Blanqueando ese dinero a ojos de Hacienda, solo tendrían que pagar un 10% de él a cambio de la extinción de toda responsabilidad penal. Poco después supimos que muchos ni siquiera pagaron el 10%, sino un 2%. "Aparecieron" 40.000 millones de euros.

Esa ley no iba ni dirigida ni a mí ni a los albañiles que devoran junto a mí un menú del día de 10 euros ni a las camareras que nos atienden volando porque —ellas más que nadie— vamos todos con la lengua fuera, el trabajo se come todo nuestro tiempo. Nadie de los presentes, eso sí, tiene pinta de gilipollas.

"A mí me da igual, muertos de hambre, yo ya tengo todo cubierto", me parece seguir escuchando a Montoro. Pero no, eso así, traducido, no nos lo va a decir.

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