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La cancha más singular de Europa tiene 5 siglos de historia

Todo comenzó en 1463...

Con el paso de los años, Dubrovnik se ha convertido en una de las ciudades más codiciadas del turista medio europeo. Los que buscan conocer la historia de los Balcanes se juntan con aquellos que disfrutan de cruceros con pulsera de todo incluido que acaban pasando por la costa dálmata. Además, es una ciudad considerada Patrimonio de la Humanidad.

Sus murallas, que prácticamente chocan con las fronteras de Bosnia y de Montenegro, delimitaron en su momento uno de los epicentros del comercio marítimo.

Como en la mayoría de estas edificaciones, para verla bien hay que subir más escalones que en un templo budista.

Entre subida y subida, y muralla y muralla, hay un espacio que nadie se espera. No es ningún foso, tampoco un pasadizo secreto. Entre dos de las murallas históricas de la ciudad hay una pìsta de baloncesto asimétrica: una de las canastas está orientada en 45 grados en lugar de estar frente a la otra.

En el barrio de Peline es donde está la cancha más rara -al menos en cuanto dimensiones- que se haya visto. Más de uno se echa a reír pensando que allí han podido jugar Tomic o Hezonja, originarios de Dubrovnik.

¿Cómo es posible que la pista tenga esa forma?

Todo empezó a principios del siglo XIV cuando en la ciudad se levantaron las dos torres fortificadas que escoltan lo que hoy es la cancha en sí: Gornji ugao y Minceta. En ambas construcciones se ponían los defensores de la ciudad a atacar a los posibles invasores.

Una encerrona que se sotisficó en el siglo siguiente, cuando el Imperio Otomano conquistó territorio bosnio en 1463. La entonces República de Ragusa decidió que había que modernizar las dos torres contruyendo una nueva pared que las conectaba, generando un espacio cerrado donde hoy está la cancha deforme, incluso instaló una fundición.

Aunque en 1667 un terremotó sacudió la ciudad, esos metros de fuerte se mantuvieron. Con el paso de los años, los niños de Dubrovnik empezaron a usarla como cualquier otra instalación deportiva, aún sin equipar.

Incluso dispone de un museo, algunos arqueólogos hallaron la fundición en los 90 y el Ayuntamiento no dudó en rendir homenaje a su historia.

Tampoco dejaron pasar la oportunidad de apostar por el carácter deportivo del recinto y construir una cancha de baloncesto en lo que un día fue una trampa para invasores, aunque estaba claro que era imposible que cumplieran con las medidas reglamentarias. Al menos se pueden echar algún 3x3.

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