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Es brutal pero solo la última de una larguísima y vergonzosa lista de agresiones a los árbitros

"Parece que tenga que morir uno de nosotros para que se tomen medidas serias", dice el Sindicato de Árbitros

Ser árbitro en España es una profesión de riesgo. Este fin de semana un colegiado de 18 años ha sido brutalmente agredido en un partido de 1ª Regional.

El joven, que lleva tres años pitando, se llevó dos puñetazos en la cabeza en el minuto 28 de partido por parte del dorsal 14 del Miralbueno (provincia de Zaragoza), al que le pitaron dos penaltis en contra ante el San Juan.

A causa de la agresión, el partido quedó suspendido y el árbitro se desplazó al centro hospitalario más cercano junto a su hermano, también árbitro, que se encontraba en el campo viendo el partido. Tiene previsto denunciar al agresor.

No es el único episodio violento reciente que sufren los árbitros españoles. Hace un par de semanas, el equipo arbitral encargado de dirigir el Mensajero-Barakaldo de 2ª B, tuvo que salir por piernas del estadio. A la salida, un grupo de aficionados locales esperaban al trío entre amenazas e insultos. Uno de ellos cogió la mochila del árbitro principal y le tiró una lata de cerveza por encima.

Sin embargo, uno de los asistentes se llevó la peor parte. Cuando iban a entrar en el coche para escapar, un aficionado le agarró de la cabeza golpeándole contra el coche y produciéndole cortes en la frente.

La barbarie con los árbitros se ve cada fin de semana en los campos de fútbol, tal y como nos explicó el pasado marzo el portavoz del Sindicato de Árbitros "Nosotros hemos publicado unos 400 casos, de los que dos tercios son agresiones físicas y el resto verbales, pero esos 400 son un porcentaje mínimo de la realidad. Estimamos en torno a 50 agresiones físicas, centenares de amenazas y miles de insultos cada fin de semana", reconocían.

Lo peor del asunto es que en las categorías más humildes del fútbol español las federaciones no sancionan a los clubes ni a sus aficionados, por lo que los árbitros están desprotegidos. "Parece que tenga que morir un árbitro para que se tomen medidas serias", lamenta el portavoz.

Muchos árbitros están tan acostumbrados a la violencia, que ya no les sorprende que se les amenace o se les falte el respeto cada minuto que pasa en el estadio. "La situación está normalizada por nuestra parte, parece que es 'normal' que nos insulten, que nos amenacen... dentro de un tiempo quién sabe si será ‘normal’ que te peguen un poco”.

Es muy triste acudir a un partido de infantiles del equipo de tu barrio y ver como los padres se pasan el partido insultando al árbitro injustificadamente. Esa actitud es muchas veces caldo de cultivo para agresiones de los jóvenes jugadores al colegiado.

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