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SÍ a correr. NO al running. Estos son los motivos

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Salir a correr no te convierte en un esbirro zombi al servicio del capitalismo, pero no está de más pensar por qué una simple y beneficiosa actividad física ha acabado sonando como un powerpoint de empresa

Ignacio Pato

27 Octubre 2016 06:00

Hasta hace un par de años, salía a correr dándole vueltas a un parque de mi barrio, en pantalones cortos y camiseta de dormir, con un iPod en una mano y en la otra las llaves de casa.

Un día, un conocido, enterado de esa actividad matutina, me dijo: '¡coño, tú también eres un runner de esos!'

Él se reía y, a mí, correr al día siguiente me apeteció un poquito menos.

A propósito de la publicación de Contra el Running. Corriendo hasta morir en la ciudad postindustrial (Piedra Papel), de Luis de la Cruz, tratamos de averiguar por qué a una simple -y beneficiosa- acción física se le ha envuelto con capas de una pseudofilosofía mucho más cercana a un power point de la sala de reuniones de tu empresa que al lógico deseo universal de que nuestro cuerpo no se atrofie con los años.

¿En qué momento salir a correr pasó a ser running?


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I. DE HOMER SIMPSON AL CIELO COMO LÍMITE

Homer Simpson vive bien. La lía en el trabajo pero siempre lo conserva, es sedentario, come y bebe en exceso y se muestra orgulloso de su barriga. Desgraciadamente para los demás, Homer es un dibujo animado, por ello inmortal, y nosotros no.

El jogging nació para tratar de evitar que una sociedad reconvertida en un ejército de oficinistas se llenase de ancianos prematuros, también para retrasar las cardiopatías. "En los 60, en las típicas urbanizaciones americanas de clase media nace el trote ligero para mantenerse en forma", dice De la Cruz.

Se trataba de una actividad de mantenimiento, de mínimos, fácil, accesible y barata. En pocos años, la epidemia de sida en los 80 contribuyó a afianzar una idea que abrazaron con fuerza los neoconservadores de la década, la de que "un cuerpo imponente es sinónimo de persona exitosa. La buena forma física contribuye a la imagen productiva de una persona", como sostiene el autor.

El trote ligero nació para que la clase media se mantuviera en forma. Era una actividad de mínimos, fácil, accesible y barata. A partir de los 80 se comenzó a imponer la idea de cuerpo imponente como sinónimo de éxito personal

De esa diferenciación social nacería el concepto de capital corporal. Tu cuerpo como una segunda cuenta corriente en la que puedes hacer ingresos diarios y a voluntad y que te ayuda a progresar socialmente. Al "correr" se le va recubriendo de una teoría que vende publicaciones y gadgets relacionados con una actividad que apenas admite demasiado recorrido retórico.

A partir de ahí, salir a correr deja de ser hacer jogging o footing y nace el fenómeno ideológico que conocemos como running. Casi una decena de revistas mensuales diferentes, libros de autoayuda camuflados como biografías de atletas o paquetes turísticos que incluyen vuelo+hotel+dorsal en tal maratón. De compensar las salidas de fin de semana al cielo como límite en una industria que solo en España factura 300 millones de euros al año.

El filósofo César Rendueles practicó atletismo en su juventud y en la actualidad sale a correr habitualmente. Para él, el crecimiento del running "forma parte de una estrategia de las marcas, como el del fenómeno gintonic. Salir a correr era, para las marcas, un territorio complicado de conquistar. Piensa que antes las zapatillas duraban bastante".

Salir a correr dejó de ser un territorio inconquistable para las marcas. La ideología del running esconde una industria que factura 300 millones de euros al año en España



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II. YES, WE RUN

El running llegó hace tiempo a las escuelas de negocio. También a reivindicaciones desde posiciones conservadoras como la campaña "Yes, Carmena, we run", que el PP de Madrid puso en marcha hace unos meses. Esperanza Aguirre dijo entonces "pedimos que se iluminen los circuitos y se marquen los kilómetros para animar a la gente a correr". El mismo partido llegó a convocar una Carrera a la Alcaldía para promover el voto a la candidatura de Aguirre en las municipales de 2015. El acto incluía "cronometraje con chip".

En otras latitudes, Nike se aprovechaba del pueblo tarahumara para asociar una actividad ancestral a unas zapatillas de 160 dólares, argumentando que "correr está en el ADN de todos los mexicanos". La familia del ganador etíope de maratón Abebe Bikila, que corría descalzo, demandó a la marca Vibram por usar su nombre en las zapatillas FiveFingers.

"El discurso runner y sus lemas simplistas se apropian de la actividad asociándola constantemente al afán de superación", señala De la Cruz. "Es una ideología muy similar a la del emprendedor, una metáfora del triunfador individual. Y creo que la competitividad contra uno mismo no puede entenderse sin ser competitivo contra los demás".

¿Puede entenderse la competitividad contra uno mismo sin ser competitivo contra los demás?

Para De la Cruz, el pensamiento running está íntimamente ligado a nuestras dinámicas laborales. "Estás en la oficina produciendo hasta las 9 de la noche y cuando sales de allí vas a seguir produciendo, para tí esta vez, pero produciendo y autoexplotándote. No se trata de criminalizar que eso te libere, en absoluto, sino de analizar qué refleja eso. Es como el consumismo, señalar sus efectos negativos no quiere decir ir contra la gente que hace compras".

Pero entonces, ¿se han llenado las calles de una especie de masoquistas que necesitan añadir a la jornada laboral un plus de autoexigencia?

Rendueles es tajante. "Para mí, esta actividad es parte tan importante de la vida como pueda serlo la lectura. Y que conste que por ejemplo para mí tragarme una película de Godard es un sacrificio, un sufrimiento por un capital cultural mucho más atroz que salir a correr".

Y alerta: "cuidado, que parece que hablemos de cuatro pijos sobreequipados que se gastan mil pavos en hacer una maratón. Yo cuando corro coincido con un señor chino que lo hace en traje y zapatos. Y, por ejemplo, en el Retiro hay siempre una muchedumbre corriendo. Es una actividad muy barata".

¿Se han llenado las calles de una especie de masoquistas que necesitan añadir a la jornada laboral un plus de autoexigencia? Para mí tragarme una película de Godard es un sufrimiento mucho más atroz que salir a correr



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III. LA CUADRATURA DEL CÍRCULO SOCIAL

Democratización o mainstreamización, el asunto ha cambiado ligeramente el mapa humano de las ciudades.

El músico guipuzcoano Aritz Artola fue atleta amateur y lleva más de dos décadas corriendo. Es testigo de cómo en Donosti, una ciudad que su oficina de turismo presenta como 'una ciudad hecha para correr', "no pasa medio minuto sin que veas alguien corriendo en la playa del Gros. Ahora que se acerca la carrera Behobia-San Sebastián esto es la pandemia. Siempre cae alguno: en los 80 en Euskadi fue la heroína y ahora es el deporte sin medida".

Artola señala, ácidamente, que a su alrededor existe gente "que pasa todo el año hablando de la prueba que hay el fin de semana. Especialmente gente que justo cuando tiene hijos con 40 años empieza a salir a correr. Algunos se gastan dinerales en correr. Han dejado todos los demás vicios, de cenas, beber y otras cosas y ahora dedican su presupuesto a eso".

¿Está re-humanizando el modelo de ciudad esta invasión ciudadana?

Conozco mucha gente que cuando tiene hijos con 40 años empieza a correr. Han dejado todos los demás vicios y ahora dedican su presupuesto a eso

"Es innegable que por ejemplo para las mujeres puede ser una toma del espacio público. Y también hay gente que queda para correr, pero lo habitual es que la gente corra sola", apunta De la Cruz. "Correr no es insumiso con el diseño de ciudad como usar la bici, correr es una actividad no conflictiva".

A propósito de la potencia despolitizadora del running, Artola cuenta una anécdota impagable. "Aquí en Euskadi, el que suele quedar segundo en la maratón de Zegama-Aizkorri —puntuable para la copa del mundo— es guardia civil. Entonces tienes un montón de tíos de la izquierda abertzale, un montón de borrokas que antes estaban pidiendo qué se yo contra este tío, que ahora le aplauden a rabiar".

Correr es una actividad no conflictiva. En Euskadi tienes tíos de la izquierda abertzale que antes estaban pidiendo qué se yo contra él, aplaudir a rabiar a un guardia civil por ganar una maratón

También pudimos ver a Pablo Iglesias corriendo con Ana Rosa Quintana. Pero quizá es en las carreras por una causa justa cuando el carácter aproblemático del running se hace más evidente.

Porque el running podría haber perfeccionado el viejo sueño del manifestódromo, un espacio para reivindicaciones sociales acotado y guionizado. Por los refugiados o contra el cáncer de mama, el participante no solo se siente útil por la causa, sino que además puede subirlo a sus redes y a la vez sacar provecho físico. El coste de oportunidad que supone dedicar la mañana a problemas ajenos desaparece en forma de calorías quemadas.

Pero no habría nada más injusto que culpabilizar a quien realiza una actividad tan sana como correr. Bastante tiene ya con que le llamen runner.

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