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Sports

Un miembro del Hall of Fame de la NFL quiere donar su cerebro a la ciencia

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Con 44 años, Warren Sapp está preocupado por sus pérdidas de memoria: necesita las notas del móvil para llevar una vida normal

Omar Naboulsi

22 Junio 2017 13:26

Getty

El cerebro, por mucho que lo tengamos en un altar, es un flan protegido por una caja dura. Aunque los jugadores de fútbol americano jueguen con casco para evitar lesiones, solo impiden destrozos en el cráneo, ya que el cerebro sufre movimientos incontrolables.

Si un jugador de la NFL tiene una carrera profesional de más de diez años, es difícil de imaginar cuantas veces habrá sacudido su flan.

Los continuos golpes tienen una consecuencia directa en su salud: son susceptibles de sufrir CET (encefalopatía traumática crónica), una enfermedad cerebral degenerativa. Hasta la propia liga reconoció esta relación directa hace cosa de un año tras décadas negándolo, una polémica que se trata en la película La verdad duele, con Will Smith de protagonista.



Dificultades cognitivas, trastornos de humor, dolores de cabeza, pensamientos suicidas y comportamientos agresivos son los efectos más comunes de este trastorno.

Warren Sapp es un miembro de Hall of Fame de la NFL, está retirado, tiene 44 años y empieza a notar todo lo que ha sufrido su cerebro.

"No hay manera de que ninguno de nosotros admitamos realmente que no recordamos cómo llegar a casa o una lista del mercado que nuestra esposa nos dio o cómo ir por nuestros hijos a la escuela, o lo que sea", reconoce en una entrada para The Players Tribune.

Preocupado por su futuro y el de sus compañeros de profesión, Sapp donará su cerebro a la ciencia para que estudien los efectos de tantos golpes.



"Tratas de decir, 'está bien, voy a dormir un poco más, quizás es algo que hice anoche, tal vez algo que bebí', o lo que sea. Intentas encontrar una razón que no sea 'es mi cerebro'. Que no me estoy deteriorando frente a mis propios ojos".

Quizá lo que más preocupe a Sapp sea que de un día para otro empiece a notar tendencias suicidas, como le pasó a David Duerson, otro ex jugador que se suicidó en 2011 con un disparo en el pecho a los 51 años. A su lado se encontró una nota que él mismo había escrito y que pedía por favor entregar su cerebro al banco de investigación de la NFL.



Por el momento odia sentirse desprotegido cada vez que no recuerda algo que antes tenía muy interiorizado. "Es la sensación más aterradora, pero también es un sentimiento de debilidad porque te sientes como un niño. Necesito ayuda. Necesito que alguien me ayude a encontrar algo que podría haber encontrado con mis ojos cerrados, en plena noche, medio dormido", cuenta Sapp, que ahora necesita las notas en el móvil para llevar una vida normal.

"Nunca olvidaba nada. Ahora me despierto y digo, 'Está bien, qué estamos haciendo? Déjame coger el teléfono. Es decir, con los recordatorios en los teléfonos me he ayudado realmente a vivir mi día con citas y distintas cosas que tengo que hacer, porque simplemente ya no puedo recordar cómo solía hacerlo”, dice el exjugador de fútbol americano.



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