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"Baño sangriento" recuerda la guerra de cloro y sangre que estalló en una piscina olímpica

El partido más famoso de la historia del waterpolo concentró a 2.500 muertos y 200.000 exiliados en 50 metros

"Tratad de imaginar la situación. Una superpotencia mundial destruye con armas y tanques tu país, un país que nunca ha pedido que ese poder este ahí, y después de que la revolución es aplastada tienes que enfrentarte a los representantes de esa potencia".

Así es como Dezso Gyarmati, capitán del equipo olímpico de waterpolo de Hungría en 1956, enmarcó el partido más famoso de la historia de este deporte.

Aquella selección fue a los JJOO de Melbourne'56 con una Revolución Húngara que acababa de estallar en las calles de todo el país. Los jugadores representaban a una sociedad harta de la represión soviética desde la II GM. Para conseguir el oro, los magiares tuvieron que enfrentarse a la URSS. La tensión entre los jugadores estaba por las nubes y todo acabó con lo que se conoce como "el Baño Sangriento".

O lo que es lo mismo, mucha sangre y poco cloro.

Cuando los húngaros llegaron a Australia a principios de noviembre, las protestas civiles pidiendo libertad en su sistema político aún ocupaban las calles de Budapest.

Todo empezó como una marcha estudiantil iniciada el 23 de octubre, aunque el movimiento fue arrollador y miles de personas se unieron para reclamar frente al Parlamento. El propio Gyarmati había participado en la protesta inicial, dejando el campo de entrenamiento del equipo en las colinas de Budapest para unirse a los manifestantes en las calles, que en pocos días habían conseguido que se formara un nuevo gobierno que quería deshacerse del comunismo soviético.

Era todo un espejismo. Cuando el equipo de waterpolo llegó a tierras australianas el 4 de noviembre, les informaron de que la URSS había movilizado a más de 30.000 soldados, 1.000 tanques y había invadido la capital. Ya no la abandonarían hasta 30 años más tarde, con la Caída del Bloque del Este.

Más de 2.500 personas fueron asesinadas en el conflicto húngaro y unas 200.000 se tuvieron que exiliar.

En los Juegos hubo una recreación del conflicto en la piscina. Puñetazos, patadas y golpes bajos bajo el agua que acabaron por explotar en un golpe que dejó a la estrella húngara, Ervin Zador, echando sangre a borbotones. El soviético Valentin Prokopov le dio un codazo a Zador en la cara, cortándolo por debajo del ojo, lo que provocó que se diera por acabado el partido con un minuto por disputarse y Hungría ganando 4-0.

Al salir de la piscina, la sangre se había escurrido por el pecho de Zador y parecía que había salido de una carnicería.

El público australiano, viendo el agua de la piscina teñida de rojo, empezó a silbar a los soviéticos, que fueron perseguidos durante todos los juegos por las tropleías que su régimen estaba haciendo en Hungría. De hecho, Holanda, Suiza y España boicotearon el evento y no acudieron a los Juegos como protesta por aquella invasión.

El Sydney Morning Herald abrió su portada al siguiente con el titular "La Guerra Fría explota la violencia en las Olimpiadas de Melbourne", dando detalles sobre el incidente: espectadores dejando sus asientos en las gradas, gritando que era un abuso y escupiendo a los rusos.

Hungría acabó llevándose el oro, pero la mitad del quipo no volvió a su tierra natal para no caer en manos soviéticas. La mayoría pidió asilo político y acabó emigrando a los EEUU, como Zador, que hizo carrera como entrenador en California.

Aquel partido lleno de venganza inspiró el documental Freedom’s Fury -La Furia de la Libertad- y la película Szabadsag szerelem -Niños de Gloria-, ambas obras publicadas en 2006 coincidiendo con el 50 aniversario de la Revolución Húngara.

Quién sabe si esa guerra sin cuartel bajo el agua fue la mejor herencia para los waterpolistas magiares, que ya tienen 9 oros olímpicos. La sangre derramada por Zador no fue en vano.

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