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Ahora que nadie nos lee: Tostão no era peor que Pelé

Se retiró con 26 años por un desprendimiento de retina y se licenció en Oftalmología. El mundo no ha sido suficientemente justo con "El Pelé blanco", que hoy cumple 70 años

Injusticia es una de las palabras que no suelen aparecer en los perfiles amables que se le hacen a Eduardo Gonçalves de Andrade. Él mismo, aunque de manera correcta, nos pone sobre la pista. "Fui un gran jugador, pero estoy en el segundo o tercer escalón del fútbol", le dice hoy a Globoesporte con motivo de su 70º cumpleaños.

Si Tostão dice que fue un jugador de segundo o tercer nivel fue porque tuvo la agridulce coincidencia de jugar al lado de Pelé. Él mismo, junto a Gerson, Rivelino y Jairzinho podrían haber ganado seguramente, sin Pelé, aquel mágico México'70.

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Los cinco llevaban el número 10 en sus equipos. Tostão en el Cruzeiro de Belo Horizonte, aunque hasta en eso engañaba. No fue solo precoz en su veinteañera alopecia, también fue uno de los precursores del llamado 'falso 9', el delantero que arrastra a los rivales para generar espacios que no se llamaría así hasta casi cuarenta años después. El plus de Tostão en juego era el del movimiento sin balón, de espaldas a portería, capaz de engañar defensas en beneficio de sus compañeros. "Cuando la gente joven vea imágenes mías sin tocar el balón pensará '¡ese Tostão no era gran cosa!'", sonríe hoy. Aun así, se retiraría como máximo anotador del Cruzeiro con 249 goles.

A Tostão le llamaban así porque de pequeño se juntaba a jugar con los mayores, y el tostão era la moneda más pequeña del Brasil de la época. Siempre fue tímido. Tanto que cuando ganó la liga con el Cruzeiro en el 66, con solo 19 años, y al día siguiente se vio en la prensa junto a una foto en la que besaba la copa y se leía 'el nuevo rey del fútbol', reconoció haber sentido "una gran vergüenza, ser un usurpador" por el menosprecio que significaba a Pelé, justo a cuyo Santos le había ganado Tostão esa final.

Solo los paladares futboleros mejor educados saben que en el legendario gol de Carlos Alberto en la final del mundial 70 contra Italia, en ese gol icónico millones de veces reproducido, es Tostão quien recupera el balón bajando a defender con el partido ya ganado. Y es Tostão quien, habiendo vuelto a subir al ataque, le señala con el brazo y un grito a Pelé la subida de Carlos Alberto como un búfalo por la banda.

Una de las asistencias más famosas de la historia la dio Pelé, sí, pero es de Tostão.

La suya fue una carrera cortísima. Se retiró en 1973, con 26 años, por culpa de un balonazo en la cara que había sufrido cuatro años antes. El impacto le causó el desprendimiento de retina más famoso de la historia del fútbol, aunque en el momento fue operado con éxito. El mundial de México lo jugó y ganó, de hecho, después del accidente. Sin embargo, pocos años después la retina se inflamó y los médicos fueron claros: seguir jugando al fútbol supondría un casi seguro pasaporte a la pérdida de visión de ese ojo.

Lo dejó y se licenció en Oftalmología.

"Quería conocer los secretos del cuerpo, del alma, de la vida y la muerte. Pero en los libros de Dostoievski, Sartre, Camus, Machado de Assis o Hesse, en las poesías de Pessoa o Drummond, aprendí más sobre la vida y la muerte que en la Medicina", reconoció.

Como médico, el fútbol prácticamente desapareció de su vida durante dos décadas. Entonces, le llamaron para cubrir a Brasil en el mundial de Estados Unidos'94. Le volvió a picar el gusanillo de su anterior vida y se puso a escribir libros y columnas. Tan a gusto estaba escribiendo que por seguir haciéndolo rechazó una oferta por la que habría vuelto a ser campeón del mundo: entrenar a Brasil en el mundial de 2002.

Hoy cumple 70 años como una de las opiniones más respetadas de la prensa brasileña.

Como el jugador a quien injustamente el mundo conoce como "el Pelé blanco".

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