PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Sports

Crear una aventura para morir en ella

H

 

La de Thierry Sabine, fundador del Dakar, es la muerte más impactante de los 70 cadáveres que acumula esta durísima prueba

Ignacio Pato

02 Enero 2017 18:36

No fue la primera ni la última, pero sí la muerte que más ligada queda a la historia del Rally Dakar, cuya edición 2017 comienza hoy. Thierry Sabine tenía solo 36 años cuando el helicóptero en el que viajaba se estrelló por culpa de una duna en Mali. Era el 14 de enero de 1986 y aquel vehículo ni siquiera tenía que haber despegado en medio de aquella tormenta de arena.

Nadie sobrevivió, ni su colaborador, el cantante Daniel Balavoine, ni el piloto del helicóptero François-Xavier Bagnoud, ni los periodistas Nathalie Odent y Jean-Paul Lefur.



Sabine había ideado el Dakar hacía entonces menos de una década. En 1977, tras perderse en el desierto del Ténéré —entre Níger y Chad— mientras corrúa el Rally Abidjan-Niza, decidió que sería buena idea trazar un recorrido que pusiese a prueba a cada piloto a través de los más duros parajes africanos.

Nacía así, el 26 de diciembre de 1978, el Rally Dakar: 182 participantes embarcados en una aventura de 10.000 kilómetros desde la Plaza del Trocadero de París hasta la capital de Senegal.


Foto: Thierry Sabine en una foto de archivo.j


La fama de la prueba creció fulgurantemente, así como la participación. Con ellas, también los accidentes. Uno de ellos, casi olvidado pero a la vez icónico, fue la desaparición durante 6 días de 1982 de Mark Thatcher, hijo de la primera ministra británica. Al cabo de ese tiempo un avión militar argelino consiguió avistarle en el desierto.


Thierry Sabine, con problemas en un helicóptero, un año antes de fallecer en un accidente en 1986


Durante todos aquellos años era Thierry Sabine, ideólogo de la prueba e hijo del París más acomodado, quien dirigía prácticamente solo la gigantesca organización. El París-Dakar, convertido ya en fenómeno social en los 80, tenía en Sabine, vestido casi siempre con su mono blanco, a su principal salvavidas.

Era quien se ocupaba de tratar de ajustar al máximo la seguridad y, en caso de incidente, de buscar él mismo a los extraviados u heridos. Como en 1983, cuando la prueba se adentró por primera vez en el Ténéré. 40 pilotos desaparecieron temporalmente, tardando algunos de ellos cuatro días en encontrar el rumbo correcto.


Resultado de imagen de thierry sabine


Para cuando Sabine se mató, el Dakar ya se había cobrado la vida de 4 pilotos (los franceses Patrick Dodin y Jean-Noël Pineau, el holandés Bert Oosterhuis y el japonés Yasuo Kaneko, todos de motos), 3 técnicos de apoyo italianos, una periodista francesa y tres espectadores locales en Mali, Burkina Faso y Níger. Hasta 2017, los muertos suman ya 70, de los que solo 28 eran competidores.

"El París-Dakar no es un juego de destrucción". Así se defendía Sabine de las acusaciones de endurecer la prueba. Lo cierto es que él mismo aprovechaba el trazado y su conocimiento de África para desarrollar acciones humanitarias. En el momento de su muerte, le ocupaba un programa de perforación de pozos para surtir de agua a Mali. Y tampoco desconocía el peligro al que él mismo se exponía: dejó dicho que la carrera debía continuar si le pasaba algo.


Resultado de imagen de thierry sabine


También fue su deseo que sus cenizas se esparcieran por aquel temible desierto del Ténéré, donde se había perdido en 1978 y donde, sin saberlo, había empezado tanto esta gran aventura como su propia muerte.


share