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Surrealismo feo: expulsado por recibir insultos racistas

Sulley Muntari se desesperó por el racismo de las gradas italianas y el árbitro no estuvo a la altura

(Imagen: Getty)

El racismo en los estadios de la Serie A sigue instaurado como si del catenaccio se tratara. En la última jornada de liga, el caso más desagradable lo tuvo que soportar Sulley Muntari, futbolista del Pescara, que abandonó el partido ante el Cagliari por los cánticos racistas de los aficionados locales.

Tal y como contó Muntari después del partido, antes del descanso le regaló su camiseta a un niño que le insultaba junto a sus padres, diciéndole que "esto no se hace". A pesar de completar un gesto tan significativo, desde el fondo del estadio Sant'Elia siguieron llegando abucheos y cánticos ofensivos en la segunda parte, hasta que el jugador le recriminó a la grada su actitud y le pidió al árbitro Daniele Minelli que parase el partido.

El colegiado no lo hizo y acabó sacándole tarjeta amarilla a Muntari por sus protestas. Harto de la indignante situación, abandonó el césped a pocos minutos de que acabara el partido.

Ahí no queda la cosa: Muntari acabó expulsado y se perderá por sanción la próxima jornada. La segunda tarjeta amarilla se la sacó el árbitro por salir del campo, una decisión que el árbitro notificó al capitán del Pescara, como dicta el reglamento en estos casos.

Zdeněk Zeman, el director técnico de Pescara, explicó que Muntari le pidió intervención al árbitro pero que este aseguraba que no había escuchado nada.

Aunque suene mal, el racismo en las gradas es el pan de cada día en el fútbol italiano. Hace cuatro años Kevin-Prince Boateng, compañero de Muntari en su etapa en el Milán, también hizo suspender por la misma razón un amistoso con el Pro Patria.

"Entiendo perfectamente a Sulley. En aquellos momentos estás enfadado y triste sobre todo por los que, a tu alrededor, hacen oídos sordos. Combatir el racismo es una responsabilidad de FIFA y UEFA", dijo en Sky Sports.

Además, el caso de Muntari no fue el único en la última jornada del Calcio. La liga también investigará los sonidos simiescos que se escucharon durante el derbi entre Roma y Lazio cuando sustituyeron a Rüdiger.

En el Inter-Nápoles, el defensa azzurro Kalidou Koulibaly fue otra victima de esta lamentable costumbre. Aunque el club local avisó por megafonía que los cánticos racistas podrían provocar la suspensión del partido, la grada siguió con su cantinela.

Para combatir de verdad el racismo quizás los árbitros deberían cuidar más a los futbolistas y suspender un partido si es necesario. Si realmente no son capaces de escuchar los insultos racistas que consulten con sus asistentes, pero es difícil pensar que un futbolista se invente algo así y mucho menos que sea merecedor de acabar expulsado.

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