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Sports

Stefan e Ivonete: morir en los Juegos de Río para salvar una vida

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Stefan Henze murió en un accidente de tráfico con el carnet de donante en el bolsillo. Su corazón lo aprovechó esta mujer brasileña que "se estaba apagando poco a poco"

Omar Naboulsi

27 Diciembre 2016 13:05

Ivonete Balthazar no estuvo en los Juegos de Río. A sus 66 años, esta empresaria brasileña ni siquiera podía hacer deporte. En 2012 un infarto dejó su corazón hecho trizas. De hecho, este verano ya solo le funcionaba al 30%.

En lista de espera para un trasplante desde el ataque al corazón, los Juegos de Río fueron su salvación, aunque fuese a coste de una desgracia ajena.



La trágica muerte de Stefan Henze, entrenador del equipo alemán de piragüismo de aguas bravas, le permitió a Ivonete recibir un corazón de garantías. "Tengo dos medallas: la suya, la plata y el corazón", comentó al conocer la identidad del donante.

Henze subió al podio en Atenas'04 compitiendo en C2, se retiró en 2011 y fue a Río como parte del equipo técnico. En la madrugada del 12 de agosto, el piragüista sufrió un accidente de tráfico cuando se dirigía en taxi a la Villa Olímpica. El coche se estampó contra un poste por exceso de velocidad.

Christian Kading, otro miembro del equipo alemán, solo sufrió heridas leves. Henze se llevó la peor parte. Un traumatismo craneoencefálico le dejó crítico. Tres días más tarde murió con 35 años. El conductor del taxi fue juzgado por cargos de homicidio pasivo.



El acto-funeral que se celebró en la Villa Olímpica, donde la bandera de Alemania ondeaba a media asta, fue una de los momentos más emotivos de Río'16.

Henze llevaba el carné de donante que autorizaba la cesión de sus órganos en caso de muerte. A las 17:30 sonó el teléfono en casa de Ivonete Balthazar, en la Rua Antonio Basílio, a dos kilómetros de Maracaná. Quince minutos después estaba en el Instituto Nacional de Cardiología para recibir el corazón de Henze, que llegó a las 10 de la noche. La operación duró seis horas.

Tal y como dicta la ley, no supo quién era el donante, aunque se enteró unos meses más tarde gracias a la prensa. Tras conocer la identidad fue al consulado alemán en Río y entregó una carta de agradecimiento para la familia de Henze.



En aquel momento empezó a recordar lo mal que lo pasó en 2012, sobre todo aquella noche en la que le dio el infarto. Ivonete andaba muy estresada por aquel entonces, ya que su empresa de Recursos Humanos pasaba por apuros.

"Busqué en Google mis síntomas y me di cuenta de que estaba teniendo un ataque al corazón. Llamé a mi hijo y me llevó al hospital", explicó Ivonete en Daily Mail. Tres años después los médicos le dijeron que el tratamiento no daba resultados.

El trasplante era la única solución: el 70 por ciento del tejido del corazón estaba muerto."Me estaba apagando poco a poco", llegó a decir Ivonete.



Ella estaba en contra de que Río fuera sede de los Juegos. Pensaba que el dinero debía gastarse en mejorar la sanidad. "Al final fueron unos Juegos Olímpicos que nunca olvidaré. Cambiaron mi vida tal vez más que cualquier otra persona involucrada. Todavía tengo sentimientos contradictorios, porque también sé que la vida de alguien se truncó demasiado pronto".

Su recuperación después del trasplante no está siendo fácil. Lleva un protector bucal para evitar las bacterias y sólo puede comer fruta y verduras hervidas, además de tomarse a diario seis viagras para dilatar sus arterias.

A pesar de estar aún adaptándose a su nuevo corazón, Ivonete quiere correr una carrera de dos kilómetros en abril junto con otros trasplantados. Siempre en memoria de Henze, el corazón alemán de Río.

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