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El país donde estaba prohibido jugar al fútbol hasta hace muy poco

Quien jugaba o veía un partido de fútbol estaba amenazado de muerte por grupos afines a Al Qaeda. Hoy en día, la selección todavía no puede jugar en casa por seguridad

Con la televisión sin sonido, un ojo pegado a la pantalla y el otro vigilando la puerta por si alguien pasa. Esta era la única forma que tenían los somalíes de ver partidos de fútbol.

Hasta hace 6 años el fútbol lo tenían prohibido. No solo practicarlo, ya que a quien se le ocurría ver un partido por televisión podía morir, ir a la cárcel o recibir latigazos en público, un castigo demasiado severo en un país donde el fútbol es el deporte más seguido por la población.

Es una pasión real, sino no se puede comprender que tenga tanto tirón con una selección nacional que ocupa el puesto 205 (de 210) en el ranking FIFA.

No es casualidad que ocupe esa posición, es la consecuencia lógica de un veto que empezó en 1991, cuando fue derrocado el gobierno de Mohamed Ali Samatar. La violencia y la represión se adueñaron del país. Desde entonces Somalia entró en una guerra civil que aún no ha terminado, donde grupos rebeldes como el islámico Al Shabab llegaron a controlar gran parte del territorio, incluida la capital Mogadiscio.

Este grupo vinculado a Al Qaeda fue el que se encargó de prohibir el fútbol al considerarlo antiislámico y satánico.

Solo en el norte del país se podía ser aficionado, en las demás zonas se tenía que jugar de forma clandestina y aquellos que desafiaban la autoridad de Al Shabab escondían los uniformes de sus equipos favoritos debajo de las túnicas.

La historia de este país apasionado por el fútbol pero donde no se podía jugar inspiró al director JR Biersmith a producir el documental Men in the arena, que cuenta las experiencias por las que tuvieron que pasar dos futbolistas somalíes para poder dedicarse al fútbol.

No sólo ellos se vieron obligados a emigrar. La selección nacional tuvo que jugar sus partidos oficiales en el exilio porque jugar en casa era demasiado peligroso.

Especialmente dura era la represión cuando se jugaban los Mundiales. De hecho, la prohibición oficial del fútbol se produjo en junio de 2006, durante el Mundial de Alemania, cuando la Unión de Cortes Islámicas, de la que proceden los grupos radicales, controló Mogadiscio durante seis meses antes de ser expulsada por la invasión etíope.

Hubo disturbios y decenas de muertos por la decisión. Los civiles no querían quedarse sin fútbol porque hubiese gente que pensaba que el deporte que tanto amaban fuese en contra de su religión. En Sudáfrica'10 las cosas no cambiaron. Los grupos violentos irrumpían en las casas y mataban a diario a los locos del balón que querían ver los partidos de un mundial en su continente.

Al año siguiente por fin se levantó el veto con la pacificación de Mogadiscio, la proclamación de la República Federal de Somalia y la aprobación de una nueva constitución.

El fútbol está volviendo a Somalia. La liga local se reanudó en 2013 y ahora son 10 los equipos que disputan el campeonato.

Aún queda algo por hacer: la selección todavía no está autorizada para jugar en el país por razones de seguridad. Los aficionados sueñan con la vuelta a casa de su equipo nacional al Estadio de Mogadiscio, aquel que alguna vez rugía con la fuerza de 60.000 gargantas.

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