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Un campeón moral del mundo contra la dictadura brasileña

Debía haber ganado México'70, pero João Saldanha fue represaliado por su militancia comunista en Brasil

Murió pocos días después de ver la final del mundial 90. Fue la última pero no la primera vez que  João Saldanha veía un partido de esa categoría. Ya vio en el Azteca la de México'70, aunque realmente tenía que haberla visto a ras de césped, desde el banquillo.

Saldanha, que hoy habría cumplido 100 años, vivió ambas como periodista, el oficio en el que se había formado y que le permitió cubrir como corresponsal el desembarco de Normandía. Nada más acabar la guerra contra el nazismo, se afilió al Partido Comunista de Brasil, donde militaría medio siglo. Eso en el Cono Sur, en su época, equivale a más de media vida en semiclandestinidad, al menos mediática.

Tras ser jugador, siguió ejerciendo como periodista hasta que, de manera un poco sorprendente,  João Havelange -en ese momento al frente de la Confederación Brasileña de Fútbol- lo nombró seleccionador en febrero de 1969. Havelange, ante las críticas de los medios a la selección que había fracasado en Inglaterra'66, deseaba aplacar el malestar de los periodistas haciéndoles contar con un colega al frente de la seleçao.

Con una base formada por jugadores de Botafogo, Santos y Cruzeiro, se aproximaba el Brasil de Saldanha hacia México'70. Por el camino, una gira europea de la selección por Europa, donde le preguntaron por la situación en su país. Denunció lo que los militares trataban de ocultar en el exterior, que desde el golpe de estado de extrema derecha de 1964 Brasil se había convertido en una barra libre para las torturas y las 'desapariciones' de opositores o simplemente civiles sospechosos.

El entrenador del Flamengo, Dorival Knipel Yustrich, enfrentado con Saldanha, pidió que el gobierno interviniera en la selección. Todo se precipitaría con la insistencia de Garrastazu Médici, presidente de facto de la dictadura en ese momento. Garrastazu pidió que Saldanha convocase a Darío Maravilha, del Atlético Mineiro, pero el seleccionador se mantuvo firme: "Yo no elijo el gabinete del presidente y él no elige mi equipo".

Para terminar de ponérsele todo en contra a Saldanha, prefería a Tostão que a Pelé. Y no por capricho: el segundo no acababa de carburar cuando jugaba con Saldanha. Se cayó de alguna convocatoria. ¿Problema? Que la Confederación Brasileña de Fútbol facturaba mucho más dinero cuando jugaba el de Santos.

A tres meses de México'70, Saldanha, cuyo Brasil había recuperado autoestima y resultados, fue fulminado.

"Heredó" aquella selección Mário Zagallo, que fue finalmente quien ha pasado a la historia como el entrenador de aquel mágico Brasil de los cinco dieces.

Saldanha volvió al periodismo con su habitual sobriedad -"más de 30 líneas para una crónica de un partido es un atentado contra el lector", decía- y desde donde denunció la progresiva 'europeización' de la selección brasileña, un equipo -y es cierto con la salvedad de España'82- que cada vez jugaba más feo y mortecino.

Muy lejos de su ideal: "el fútbol brasileño es una cosa jugada con música".

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