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Cuando Roland Garros fue un campo de concentración

"Nos autodenominábamos cavernícolas, unos 600 de nosotros vivíamos debajo de las escaleras del estadio", dijo el escritor judío Arthur Koestler, prisionero de Roland Garros

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En España, Roland Garros quizás es el Abierto más querido entre los aficionados. Después de unos años donde Ferrero o Costa hacían buenos papeles, Nadal llegó para maximizar esa conexión con el torneo de tierra batida: ayer se llevó su décimo Roland Garros, récord absoluto.

Lo curioso del torneo es que la pista, como tal, en realidad no se construyó para albergar esta competición, sino para ser sede de la Copa Davis.

En 1927 Francia la ganó por primera vez de la mano de sus cuatro mosqueteros -Jacques Brugnon, Jean Borotra, Henri Cochet y René Lacoste- y surgió la necesidad de construir un estadio para defender el título, que acabarían ganando año tras año hasta 1932.

El nombre se escapa de lo meramente deportivo. Roland Garros seguramente no sabía ni como coger la raqueta, pero fue un aviador pionero de la I Guerra Mundial, el primer hombre en pilotar un avión sobre el Mediterráneo.

Toda la gloria que hay en este estadio de 90 años también tiene sus lunares. En especial el que surgió durante la Segunda Guerra Mundial.

Para muchos historiadores y antiguos aficionados al tenis es una época de la que avergonzarse, sin tener en cuenta que la Federación Francesa de Tenis prefiere omitirla cuando se menciona el Abierto de Francia.

Poco pudieron hacer sus dirigentes cuando en 1939 las autoridades convirtieron Roland Garros en un campo de concentración.

Al principio, el gobierno francés buscaba alojar disidentes políticos, extranjeros y sospechosos de todo tipo, pero a medida que la guerra avanzaba y la ocupación alemana se esparció, Roland Garros fue el hogar obligado de los judíos, que allí esperaban a ser trasladados a territorio germano.

Uno de esos prisioneros en el estadio francés fue el escritor judío Arthur Koestler, que explicó sus vivencias en Roland Garros como preso político en el libro Oscuridad al mediodía.

" En Roland Garros nos autodenominábamos cavernícolas, unos 600 de nosotros que vivíamos debajo de las escaleras del estadio", contaba el húngaro que escapó de los nazis para refugiarse en Inglaterra. "Dormíamos sobre paja mojada porque había goteras y estábamos tan apretujados que nos sentíamos como sardinas".

Tras esos años de oscura tortura, el torneo volvió a brillar deportivamente con el fin de la II Guerra Mundial, aunque el imperio del tenis francés se había acabado.

Estadounidenses y australianos dominaron el torneo durante décadas. De hecho, solo dos tenistas franceses han ganado el torneo desde entonces: Marcel Bernard en 1946 y Yannick Noah en el 83.

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