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De los suburbios de París a ser el mejor del continente

En Europa, no hay un jugador actual más eléctrico que Riyad Mahrez. Este hijo de la clase obrera argelina acaba de ser elegido Mejor Jugador Africano de 2016

“Riyad jugaba al fútbol los lunes, los martes, los miércoles… Jugaba cada día de la semana”. Así es como Hayed Mbemba, un excompañero de Riyad Mahrez en el Sarcelles, explicaba el secreto del éxito del elegido mejor jugador de la Premier League: jugar en las calles cada día de su infancia.

Mahrez hace gala de un fútbol de otra época: astuto, extremadamente técnico y con un físico menudo aunque incansable. Sus 17 goles y 11 asistencias en la temporada pasada valieron para que el Leicester City ganase la Premier y para que él acabe de ser elegido por la BBC como Mejor Jugador Africano del año.

No solo eso, Mahrez también ha quedado séptimo en las votaciones del Balón del Oro, justo detrás de las estrellas de Barça y Madrid y de Antoine Griezmann. Es el mejor jugador de la "segunda fila" mundial, pero quizá porque no juega en un grande de Europa. De momento. Con solo 25 años, este verano lo querían todos los equipos punteros pero decidió renovar con el Leicester, el club que confiaba en él cuando estaba jugando en la segunda francesa.

La nueva sensación del fútbol mundial nació y creció en Francia, aunque juega para la selección argelina. Quizás por ese motivo aún no se le considere un jugador top, aunque Argelia ya nos enseñó a todos de lo que es capaz jugando auténticos partidazos en el Mundial'14, gracias al talento de Feghouli, Brahimi o Boudebouz.

Sus padres llegaron a Sarcelles, un suburbio norteño de París, procedentes de Argelia. Siguieron el camino de una generación anterior que llegó a Salcelles escapando de la Guerra de Independencia de Argelia entre los 50 y los 60. Su padre fue un futbolista amateur que nació en Beni Snous, un distrito del norte de Argelia, y su madre tiene ascendencia argelina y marroquí.

Tal y como ha dicho en más de una ocasión, Mahrez creció como cualquier niño de clase obrera, sus padres trabajaban para que no faltara nada en casa. Donde mejor se lo pasaba era en la calle con un balón en los pies. Salía todos los días a driblar y hacer trucos con la pelota y no entró a una escuela de fútbol profesional hasta los 19 años.

Le daba igual la hora que fuera para echar una pachanga, se iba con sus colegas de madrugada a colarse en cualquier campo para jugar. Sabía cómo abrir el gimnasio del AAS Sarcelles, el equipo donde jugó toda su adolescencia, y se entraba allí a altas horas para organizar torneos nocturnos. Un búho del fútbol.

Aunque siempre tuvo una capacidad técnica muy superior, nunca se planteó ser futbolista profesional hasta que murió su padre. A los 15 años Mahrez perdió a su al hombre que le daba consejos antes de cada partido. Su muerte fue el estímulo que necesitaba para luchar por su futuro en el fútbol de élite.

Por ese motivo decidió dejar Sarcelles para fichar por el Quimper, donde tiranizó las ligas regionales con su talento innato. Llevaba una vida desordenada, pero no lo acusaba en el terreno de juego. Se iba a dormir cuando quería, comía carne con patatas fritas cada día y no hacía por ganar musculatura en el gym, como hacían los jugadores de su edad. Eso al menos ha asegurado el hermano de Paul Pogba, Mathias, que compartía piso con Mahrez cuando jugaron juntos en el Quimper.

Sus exhibiciones llamaron la atención del PSG y el Olympique de Marsella pero prefirió fichar por el Le Havre, que tenía el primer equipo en Segunda División, a sabiendas de que allí sería más fácil destacar. No se equivocó. Entre la dureza de los defensas de la Ligue 2, Mahrez se escabullía como le daba la gana. Sus plumas eran demasiado bellas para seguir enjaulado entre los barrotes del segundo nivel francés, así que voló a Inglaterra.

Su historia en el Leicester es de sobra conocida, ascendieron a la Premier en 2014, estuvieron un año sufriendo por no bajar y a la temporada siguiente ganaron la liga con Mahrez como estrella. Como una Cenicienta moderna que cumplió su sueño.

Aún muchos se martirizan analizando el por qué del éxito del Leicester City y cómo Ranieri ha sabido sacar partido a Mahrez, pero el jugador de Sarcelles lo ve todo más sencillo. "A veces estoy en el campo y pienso que estoy jugando en la calle". Así de sencillo, Mahrez triunfa disfrutando como si jugara con sus colegas en medio de su barrio de París.

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