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Sports

Odio, política e insultos a la virgen: tras la rivalidad más agria de la liga española

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Este fin de semana se juega el Zaragoza-Osasuna en semana de Pilares, del 12 de octubre, de declaraciones de independencia y de artículos 155. Te contamos la historia de un partido lleno de tensión

Ignacio Pato

12 Octubre 2017 06:00

180 kilómetros unen Zaragoza y Pamplona. Dos horas en coche que se convierten en años luz cuando sus dos equipos juegan, como este próximo domingo en La Romareda. Fue en el campo zaragocista, precisamente hace ahora 30 años, donde comenzó una de las rivalidades más agrias del fútbol español.

El 4 de octubre del 87, el editor de Panenka y de LaLiga Docs en beIN Sports Aitor Lagunas era pequeño. "Recuerdo que aquella tarde-noche mi padre llegó agobiado porque había aparcado cerca del campo y le habían pinchado una rueda", afirma. Tuvo por primera vez la sensación de que "ir al fútbol no siempre es una fiesta".

Aquel Zaragoza-Osasuna lo cambió todo. Al portero navarro Roberto Santamaría comenzaron a lloverle objetos desde la grada maña y con un botellazo en la cabeza se acabó más de medio siglo de una hermandad de facto. Fue Osasuna quien inauguró el Campo de Torrero donde jugaba el Iberia, uno de los dos equipos de cuya fusión nació el Real Zaragoza. La casa actual zaragocista, La Romareda, debutó en 1957 con un amistoso contra los navarros... y diez años después, para inaugurar El Sadar, Osasuna organizó un triangular con el Vitoria de Setúbal y el Zaragoza que ganaron los aragoneses.

El periodista y socio osasunista Iñaki Lorda no había ni nacido cuando el botellazo. "Creo que mucha gente, sobre todo los más jóvenes, no saben que antes eran clubes amigos", dice. "Creo que mucha gente piensa que la rivalidad es por cercanía, porque Osasuna no se lleva mal con equipos cercanos como la Real, el Eibar o el Alavés".

Para 1987 los primeros grupos ultras del Estado ya llevaban más de un lustro de actividad. El Zaragoza tenía el suyo, Ligallo Fondo Norte, fundado el año anterior. Al principio aragonesistas -la propia palabra ligallo viene de las agrupaciones medievales de pastores aragoneses- poco a poco irán girando hacia la extrema derecha de bandera española. A la vuelta a Pamplona del partido del botellazo, el graderío sur de El Sadar vería nacer a Indar Gorri, Fuerza Roja, de tendencia abertzale.

Los choques entre ambos, desde finales de esos ochenta, estaban escritos. Sin embargo, habrá un momento en el que las ofensas mutuas acaben por trascender los fondos ultra. El 'todos a una, puta Osasuna' o el 'cascos, pinchos y porras en las manos, son navarros y tienen que morir', en La Romareda, y el 'nos vamos a follar a la Virgen del Pilar' en El Sadar harán que "el que no estaba inoculado de ese neo-odio acabe por sucumbir", según Lagunas.

¿Se aprieta más la mandíbula en una ciudad que en otra? "En Pamplona saben que ese partido es especialmente picante", apunta Lagunas. "El 'problema' del Zaragoza es que nunca ha tenido 'nada' alrededor, bueno, ahora con el Huesca por evidentes méritos del Huesca y deméritos del Zaragoza. El Zaragoza-Osasuna es un derbi raro, no hay partidos interautonómicos así. Este con mucha distancia es el más agrio".

Lorda coincide en que en Zaragoza "todo el peso de la rivalidad está puesto en el partido contra Osasuna". "Lo que sí es verdad —reconoce el navarro— es que el Zaragoza es un equipo históricamente más grande, tiene una Recopa, tiene Copas... nosotros no tenemos nada. Osasuna lo vive un poco como una manera de joder al Zaragoza. Ganar fuera al Zaragoza es importante, y que en El Sadar no te pinten la cara. Para mi no es lo mismo palmar con el Zaragoza que con el Numancia o el Lorca o el Valladolid. Hay que ganarles o al menos no hacer el ridículo".

Es el típico partido que, cuando sale el calendario, miras cuándo toca. "Disfruto mucho los Zaragoza-Osasuna, ojalá sean todos en 1ª. Yo lo llevo de manera sana, con energía, con nervios, pero sin animadversión en absoluto hacia el Zaragoza", afirma Lorda. En esto último coincide Lagunas. "No tengo nada contra Osasuna. Al revés, me parece un equipo con unos valores muy loables y que lo hacen muy interesante. No es un club plano, es atractivo porque tiene muchas aristas, un poco como Navarra: una comunidad muy pequeña en la que conviven dos lenguas y tres identidades. Para mi su historia, su estadio o su política de cantera son algo muy bonito".

Para Lagunas, el porcentaje de la rivalidad se reparte en un 75-25 en favor de lo ideológico frente a lo meramente geográfico. Y este Zaragoza-Osasuna viene en semana de Pilares, que es también la del 12 de Octubre, la de independencias y artículos 155. Más banderas en la calle que nunca. "Zaragoza siempre ha sido una plaza difícil para los equipos vascos y catalanes. Igual me equivoco, pero creo que la actualidad política puede tener su reflejo en el partido, porque el fútbol refleja lo que sucede a su alrededor".

"Hoy —continúa— el fútbol trata de blanquearse, de ser un espectáculo para todos los públicos. Se intenta que los niños de ahora no piensen como pensábamos los niños de los 80. Lo que ocurre es que el factor identitario no veo que vaya a bajar mucho. La situación política de España no da motivos para que se suavice".

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