PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Sports

"Cuando alguien dice que fútbol y política no se deben mezclar, desconfía"

H

 

El exdiputado Ramón Usall cree que "el fútbol ya no es el opio del pueblo" y que "la izquierda se está acercando a él"

Omar Naboulsi

28 Julio 2017 10:50

Para Ramon Usall cada capítulo de la historia reciente se puede explicar a través de clubes de fútbol, cada estadio es un pergamino y cada escudo una hoja de ruta. 

En su libro Futbolítica, historias de clubes políticamente singulares (Ara Llibres), se puede apreciar cómo la mayoría de conflictos surgidos en los últimos 100 años están reflejados en la cara política de una infinidad de clubes.

El historiador y ex diputado de la CUP es de los que cree que el fútbol y la política siempre han ido de la mano. Es más, no se fía de los que defienden lo contrario. “Cuando alguien dice que fútbol y política no se deben mezclar tienes que desconfiar. Seguramente sea el que más lo haga”, nos advierte. “En realidad nos dice que no se debe mezclar con políticas que cuestionen el poder establecido. No se puede ser hipócrita y, por ejemplo, criticar al Barça por involucrarse con el referéndum y que después Rajoy reciba a la selección en la Moncloa”.



Por ese tipo de actos políticos la FIFA multó al Barça: muchos de sus aficionados llevan la bandera "estelada" independentista en lugar de la “senyera” –la oficial catalana-, defendiendo algo que va en contra del establishment.

Lógicamente, el club culé ocupa uno de los capítulos de su libro, donde desarrolla al Barça como un actor político representativo del catalanismo con un papel simbólico bajo Primo de Rivera y Franco, siendo la figura de una nación sin estado. Eso que llaman “Més que un club”.

Precisamente, por esa función política, Usall le pide al Barça que dé un paso más en su posicionamiento sobre la independencia de Cataluña.

“El Barça ha tomado una decisión salomónica: firmar a favor del pacto nacional para el referéndum –a pesar de los palos que le han caído-, pero es demasiado tímido porque se está convirtiendo en una marca internacional. No se acaba de mojar con la proclamación de la independencia por miedo a lo que pueda pasar en el ámbito estatal. Esta imagen global del club pervierte el sentido inicial de ese “Més que un club” que representaba la catalanidad en momentos que no se podía expresar libremente”, critica el escritor de 40 años.



Todo lo que representa el FC Barcelona es una singularidad compartida. Otros clubes han actuado como símbolos identificativos de una nación sin Estado, véase el Athletic de Bilbao del País Vasco, el Celtic de Glasgow de la comunidad irlandesa, el Hajduk Split en la Croacia integrada en Yugoslavia o el Aravat Erevan de la Armenia soviética.

Algunos, en cambio, representan la unión de varias naciones. Es el caso del Velez Mostar bosnio, fundado por el entorno local del Partido Comunista con un carácter multiétnico: croatas, serbios, bosnios y musulmanes juntos en la Yugoslavia de Tito. De hecho, sus jugadores lucharon contra el fascismo de la Ustacha croata en los 40, muriendo 77 de ellos.



Otro de los temas que Usall toca en su obra es el tratamiento que la izquierda le ha dado al fútbol. Tiene claro que para los progresistas este deporte siempre fue “algo banal”, aunque cree que ese sentimiento está cambiando.

“Hay un cierto cambio ayudado por fenómenos globales, como el Rayo o el St. Pauli. Ya no se considera que el fútbol esté alejado de cualquier ejercicio intelectual y de la mirada crítica, eso que se llamaba opio del pueblo. El movimiento progresista se está acercando al fútbol”.

Sin embargo, como historiador, asegura que lo del fútbol y la izquierda es como la música: ni todo son canciones protesta, ni todo son marchas militares.



Este ying yang sociodeportivo se vio con la dictadura fascista de Salazar en Portugal. Tal y como Usall exlplica en su obra, dentro del Estado Novo imperialista, el Benfica fue su instrumento político con Eusebio a la cabeza para dar una imagen internacional de poderío -lo mismo que hizo Franco con el Real Madrid-, pero apareció un club obrero para plantarle cara.

A finales de los 60 las revueltas populares en tierras lusas eran habituales, y uno de los epicentros era la Universidad de Coimbra.

El equipo de fútbol de la universidad, el Académica de Coimbra, formaba la mayoría de su plantilla con estudiantes del centro, que cada vez que saltaban al campo se ponían al servicio de la oposición a la dictadura. Miles de personas mostraban pancartas reivindicativas y formaban manifestaciones mientras los futbolistas saltaban al campo con una capa negra –típica de los estudiantes de Coimbra- en señal de protesta.



Aquel modelo de club está a años luz de los equipos-empresa en los que se han convertido todas las entidades de la élite actual. Según Usall, este modelo es el que “imposibilita que los clubes ejerzan actualmente como actores sociales, aunque deberían serlo,  y tampoco permite que los organismos públicos puedan intervenir en sus decisiones” más allá del fútbol local, alejando un poco el fútbol de la izquierda.

“Los grandes cambios en los clubes tienen que provocarlos desde la afición, la comunidad de toda la vida", matiza. "És difícil que un seguidor crítico sea capaz de amoldarse a las cantidades y a la especulación que se mueve en el fútbol. Hasta el Rayo, con todo lo que representa, ha tenido que tragarse a Ruiz-Mateos y a Teresa Rivero. Sigue la relación de amor-odio entre la izquierda y el fútbol desde la época de los bolcheviques. Siempre será un debate abierto: la lucha por cambiar el fútbol no deja de ser una lucha por cambiar la sociedad”, reflexiona.



¿Y qué solución ve?

Por paradójico que resulte, está en el propio fútbol, pero en el gaélico. Usall tiene como espejo este deporte en el que no se hacen fichajes ni traspasos, y los jugadores defienden la camiseta del equipo de su condado, por lo que los empresarios -más allá de los patrocinios- poco pueden rascar.  

Quizá esta regresión al deporte más puro sin una multinacional detrás sea la mejor vía pero, tal y como nos dice Usall, a ver "quién puede echar a una gente que hasta compra y vende equipos de Segunda y Tercera División".

La misma gente que al fin y al cabo, controla los servicios básicos de nuestras vidas.

share