Sports

¿Nunca fantaseaste con darle una patada voladora a un cretino?

Cantona lo hizo y ahora dice "debí pegarle más fuerte". Explicamos por qué su imagen de héroe underground se reforzó tras esta alucinante agresión

La violencia, se dice, es el recurso de los cobardes. Pero también se dice que de valientes están los cementerios llenos.

Resulta que las frases hechas están para romperlas, y que tenemos a Éric Cantona para ayudarnos a hacerlo.

El francés le dio una patada voladora a un tipo que le insultaba desde la grada hace veintidos años. Aquello le costó ocho meses de inhabilitación de su profesión, 20.000 libras de multa y dos semanas de prisión conmutadas por 120 horas de trabajos para la comunidad. "Debí pegarle más fuerte. No me arrepiento, aprendí de aquello. Y él también", ha dicho ahora a la prensa británica.

Contra todo pronóstico, su imagen de héroe underground salió reforzada tras convertirse en agresor.

¿Cómo es posible?

Rewind.

Crystal Palace-Manchester United, partido anodino de entre semana un 25 de enero de 1995. Cantona se harta de los empujones, codos y tirones de la camiseta del defensa que le cubría ese día al hombre y mientras los dos van a la caza de un balón que sobrevuela sus cabezas, le lanza una patada a Richard Shaw que lo tira al suelo.

El árbitro corre a sacarle tarjeta roja al francés y el estadio del Palace se vuelve loco.

A Cantona le ocurre todo lo contrario. Después del arrebato de ira, parece desorientado. Mira en todas las direcciones. Sí, estoy jugando un partido de fútbol, sí, me acaban de expulsar, tiene cara de estar pensando. Vagabundea.

A continuación, se baja el cuello de la camiseta, que siempre llevaba levantado. Y suena a gesto de ya está, ya pasó, se acabó esta posesión infernal.

Resopla y se va hacia los vestuarios. Pero antes vuelve a parar justo delante de su entrenador, pero este ni le mira. Cantona no tiene el gesto de complicidad que buscaba de su jefe, el estricto escocés laborista Alex Ferguson. En ese momento es un crío que sabe que la ha cagado.

La cámara de televisión vuelve al árbitro y el siguiente plano en el que vemos a Cantona es histórico, lanzándose en plan kung fu contra un espectador de la primera fila. La imagen dará la vuelta al mundo en los periódicos del día siguiente, con extra de veredicto: "LOCO", "MACARRA".

Pero mientras los lectores se divertían reconociendo una expresión facial diferente en cada uno de los testigos de la patada, la verdad iba aflorando. No solo la de la expulsión —el comentarista de BBC Radio que locutó aquel partido reconocerá después que a Cantona "era muy fácil provocarle. Todos los equipos trataban de aprovechar esa mecha corta"—, sino de la patada al aficionado, de la que cuanto más se sabía más difícil se volvía ver a Cantona como un mero matón desquiciado

Matthew Simmons, que así se llama el punching ball más famoso de la historia del fútbol, no tenía asiento en aquella primera fila donde recibió la patada. No. Había bajado 11 filas desde su sitio en cuanto el árbitro expulsó a Cantona para poder insultarle mejor.

Así fue como llegó a oídos del jugador aquel 'jódete y vuélvete a tu puto país, francés de mierda'.

Resultó que aquel Simmons era un habitual de manifestaciones de la soldadesca facha del BNP y el National Front con antecedentes por asalto, agresión y robo a un establecimiento regentado por ceilandeses.

Resultó también que los futbolistas tienen sangre, como la tienen los monos de feria aunque cobren por lo que estos hacen gratis en beneficio de las cuentas de los empresarios y de la diversión de los espectadores.

Y resultó que solo un año y medio más tarde, con 30, Cantona dijo que estaba aburrido del fútbol y que lo dejaba. En ese poco tiempo, le dio tiempo a ser nombrado capitán, a protagonizar un anuncio de Nike interpretando —sorpresa— al futbolista que acaba de un balonazo con el diablo y a hacer de actor por primera vez. Con los años, ha identificado como enemigos a quienes imposibilitan que fútbol siga siendo de los trabajadores porque "es un deporte que está en su sangre, no en la de los ricos", según sus propias palabras. Y se ha acabado reconociendo en la estirpe de los Caszely, Sócrates o Mekhloufi.

Sin esa imagen suya congelada en el aire, con los tacos de sus botas en la cazadora de aquel Simmons, sin aquella cordura pasajera y sin la posterior sanción, quizá no se habría quemado tanto. Quizá. Quizá habría aguantado hasta llegar al mundial del 98 para ganarlo con Francia, quizá hoy estaríamos hablando de alguien a quien no le pega salir en así en su nuevo papel de autodenominado Comisario del Fútbol:

Quizá sin aquella patada voladora todo hubiera sido distinto.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar