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Cuando la libertad se consigue destrozando a tus compañeros

El gobierno tailandés promueve un club de la lucha para presos de larga duración en el que el premio no puede ser mejor

Prison Fight se ha convertido en una esperanza para muchos prisioneros que pensaban que no iban a salir de la cárcel en una larga temporada.

Este proyecto desarrollado por el Departamento de Correccionales de Tailandia en la prisión de Khao Prik -a unos 200 kilómetros de Bangkok- en 2013, consiste en un torneo de Muay Thai protagonizado por presos: el que gana consigue la libertad.

"Perdí el control. Estaba borracho y lo maté", confiesa Noy Khaopan en el documental Prison Fighters: 5 rounds to freedom. Este luchador tenía que haber cumplido una condena de 11 años por apuñalar en la cabeza a Anirut Vanichyaron, un estudiante de secundaria, el fin de año de 2010. Sin embargo, durante su estancia en la cárcel de Ayutthaya se metió en el torneo carcelario y quedó en libertad.

Para entender por qué existe este curioso camino hacia la libertad en Tailandia hay que conocer la historia del país y la tradición del muay thai en el mismo.

En realidad todo se remonta a marzo de 1764, cuando los birmanos provocaron la caída de Ayutthaya, con miles de civiles muertos y esclavizados. Uno de esos esclavos era Nai Khanom Thom, más conocido como "el padre del Muay Thai".

Alcanzó tal consideración cuando durante una celebración religiosa que duraba siete días y siete noches, fue protagonista involuntario de una exhibición en la que los soldados birmanos quisieron demostrar a su rey, Alaungpaya, que el boxeo birmano era absolutamente superior al Muay Thai.

Por esa razón organizaron una pelea entre el mejor birmano y el mejor thai. Los segundos no dudaron y eligieron a Nai Khanom Thom para el enfrentamiento. Sus orígenes le llevaron a realizar la tradicional ceremonia con el que se honra a los maestros y derrotó con facilidad a su oponente birmano.

No fue suficiente, ya que los birmanos le acusaron de brujería por aquella ceremonia y le obligaron a enfrentarse a un rival tras otro hasta que, cuando sumaba nueve victorias seguidas, el propio rey birmano le concedió la libertad a él y a todos los suyos, además de darle a elegir entre riquezas y dos mujeres por sus méritos en el combate.

Desde ese momento, el 17 de marzo es un día sagrado para los Thai y la fuente inspiración para la creación del Prison Fight.

El torneo consta de cinco combates o más, donde los prisioneros se van eliminando hasta llegar a la final, en la que deben pelear contra un luchador profesional.

La única condición para participar es que deben estar cumpliendo una condena de larga duración.

En respuesta a las críticas que han llegado al gobierno tailandés por la competición, las autoridades asiáticas sostienen que el Muay Thai en Tailandia es prácticamente una religión y que sus reclusos merecen una oportunidad. También aseguraron que el uso de drogas y los comportamientos violentos disminuyeron en las prisiones gracias al torneo.

A pesar de que en sus inicios se trataba de un programa social se ha convertido en un espectáculo lucrativo.

El negocio se sustenta en los luchadores europeos que quieren probarse y acuden a la prisión para pelear como parte de su preparación para los Juegos Olímpicos o los Mundiales, siendo una gran atracción para los tailandeses, que acaban pagando por ver estos combates, donde también hay animadoras contratadas.

Tal es la espectacularización del torneo que ya hay merchandising y equipaciones con estampaciones de Prison Fight, algo que se aleja mucho del objetivo inicial del programa.

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