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Primeros 6 acusados por la muerte de estas 96 personas

Han sido años de culpar a las víctimas, pero Hillsborough no fue un accidente, sino un crimen. Estos son los primeros 6 acusados

Hillsborough no fue un accidente, ni estuvo causado por la brutalidad hooligan. Eso lo ha dicho hasta un jurado popular hace un año. Las 96 muertes de Hillsborough durante un Liverpool-Nottingham Forest de FA Cup en abril de 1989 fueron el resultado de "un homicidio imprudente causado por la negligencia de las autoridades policiales encargadas de velar por la seguridad del encuentro".

Ahora, la fiscalía ha acusado formalmente a seis personas. Los dos principales son los policías David Duckenfield, oficial de South Yorkshire al mando aquella tarde, y el inspector Norman Bettison. La lista la completan Graham Mackrell, directivo del Sheffield Wednesday que prestaba su estadio aquel día, Donald Denton, Alan Foster y Peter Metcalf, también de la policía de South Yorkshire.

Ninguno, como vemos, son lo que el gobierno británico llamaba "hooligans".

Margaret Aspinall, que perdió a su hijo James de 18 años aquel día y es una de las miembros más activas del Hillsborough Family Support Group, ha dicho "Solo queremos responsabilidades, nada más y nada menos".

¿Qué pasó en Hillsborough?

A ocho minutos del comienzo del partido, la policía abrió la puerta C del estadio, que daba al fondo más pequeño del estadio de Hillsborough, donde las autoridades habían destinado a la hinchada del Liverpool, a pesar de ser más numerosa que la del Forest. Decenas de personas que habían llegado tarde -en parte por la mala planificación de los accesos, con controles de tráfico específicos que retuvieron vehículos para realizar registros en ellos- entraron al estadio. No sabían que dentro ya no había espacio. 24.000 personas tenían que pasar por 23 tornos.

La avalancha hizo que las primeras filas encontrasen el tope de las alambradas que separaban la grada del campo, de nuevo por seguridad. El testimonio de Bruce Grobbelaar, portero del Liverpool, es suficientemente claro: "¡Bruce, nos están matando!", reconoció que escuchó el guardameta detrás de su portería. Por megafonía, como denunció el Liverpool Echo, la única orden que se escuchaba era que los aficionados "se echasen más hacia adelante". A pesar de los gritos de auxilio, la policía pensó que se trataba de "una invasión de campo hooligan" y no abrió las verjas metálicas. Cuando el partido se paró, a los 6 minutos, ya era tarde. Muchos estaban en parada cardiorrespiratoria, otros deambulaban como fantasmas por el césped. Otros arrancaban paneles de publicidad para hacerlos servir como camillas y otros tantos hacían el boca a boca a compañeros inertes.

Fueron 96 muertos y 400 heridos. Para hablar de la infamia clasista que fue la reacción e instrumentalización política de Hillsborough bastan un par de datos. La policía llegó a hacer tests de alcoholemia a algunos cadáveres y el tabloide derechista The Sun publicó una de las portadas más infames que ha visto la historia del "periodismo". En ella se decía, bajo el titular "La verdad", que muchos aficionados habían "robado carteras de las víctimas, orinado sobre los valientes policías y agredido a sanitarios que hacían el boca a boca". 28 años después, nadie con memoria en Liverpool compra The Sun.

Tampoco perdonan la versión oficial, maquillada por la policía y compartida por los gobiernos conservadores de Thatcher y Major, que ayudó a la creación, bajo la falsa excusa del hooliganismo, de un fútbol más mercantilizado y elitista. Pero a la mentira le queda cada vez menos por caer definitivamente.

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