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Sports

La primavera en que reinó una anarquía demente en Madrid

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Ni Cobi ni el AVE, lo mejor del 92 fue el Estudiantes de Pinone. Por su culpa algunos llevan 25 años de resaca

Santi Escribano

29 Marzo 2017 19:17

Fotografías cedidas por Movistar Estudiantes

"Lo mejor de los 80 fue el basket, todo lo demás fue un auténtico desastre", rapeaba un nostálgico Tote King en su tema NBA. Pero... ¿y de los 90? Por supuesto: el basket también. Y no hace falta irse al otro lado del Atlántico.

Hablemos de cuando un equipo fundado en un colegio se coló entre los cuatro mejores de Europa pero, sobre todo, se convirtió en un fenómeno social. Hablemos del Estudiantes de 1992.



I- El zarpazo del oso a la historia de losers

Dicen que cuando John Pinone aterrizó en España por primera vez, con la temporada empezada en 1984, un joven Manolo Lama le auguró en la SER una corta carrera en España: "está gordo, fuera de forma".

Cuando el Oso Pinone aterrizó en España por última vez, el pasado viernes, le esperaban en la rueda de prensa TVE, Movistar+, El Mundo, El País, COPE, Marca... algo nada habitual tratándose de la liga ACB. Su presencia era el gran reclamo del homenaje al Estudiantes del 92 que el club montó con motivo del 25º aniversario de la mejor temporada de su historia: campeones de Copa, en la Final Four, semifinalistas en ACB y un impacto social tan loco que hizo honor al nombre de su afición: la Demencia.

Lo que significó el Estudiantes del 92 cuesta explicarlo 25 años después. Es algo que pegaba tanto con aquel inicio de los 90 donde parecía caer un viejo régimen (la politizada y hortera caspa ochentera de la guerra fría y la transición); y llegaba la modernidad en forma de siglas variadas: AVE, JJOO, CEI en lugar de URSS, The battle of LA y la ONU mirando a otro lado ante las masacres fratricidas en lo que antes era Yugoslavia.



¿Por qué no iba a ser posible entonces que un equipo de baloncesto fundado en un colegio madrileño y que había vivido siempre a la sombra de sus poderosos vecinos del Real Madrid marcase la pauta? ¿Por qué no iba a partir la pana en las gradas un grupo de animación con nombre de enfermedad mental y que reivindicaba como suyas las luchas del ayatolá Jomeini y Juana la Loca?

Pinone, el Oso Pinoso, es el jugador más importante de la historia del Estu. Por estadísticas, palmarés, pero sobre todo por impacto. Es el tipo que cambió la mentalidad conformista de un equipo como Estudiantes que entendía que ser un “patio de colegio” significaba regodearse en la derrota y que las victorias fueran accidentes a disfrutar. Lo hizo un habitual en competiciones europeas, fases finales de ACB y que las victorias fueran una consecuencia. Un poco como lo que ha hecho el Cholo como entrenador del Atleti. Complejos fuera. Y algo de pasta, claro.



II- Y la moda es el negro y el amarillo

Por eso, el pasado fin de semana, el WiZink Center de Madrid (aka Palacio de los Deportes de la Comunidad) se llenó de camisetas negras con la publicidad amarilla de Caja Postal para recibir a Pinone, Azofra, Pedro Rodríguez y demás integrantes de la plantilla del 92 en el partido que enfrentaba a Movistar Estudiantes con el Baskonia.

Camisetas negras que, cuando dos días antes se sacaron a la venta en plan edición retro limitada para coleccionistas, supusieron el récord de venta en un solo día en la tienda oficial del Estudiantes. En la época ya fue una camiseta superventas. Era de esos colores por el patrocinador: la Caja Postal de Ahorros, caja de titularidad pública que ya no existe. Ahora es una porción del gigante privado BBVA.

Que el Estu le comiera la tostada al Real Madrid –y de forma paralela este proceso sucediera en Catalunya con el Joventut subiéndose a las barbas del Barça- para muchos era una especie de revolución contracultural en el deporte. Ambos, Estu y Penya, compartían un modelo similar, una fórmula mágica que se repite como un mantra, tan fácil de decir como difícil de lograr: “dos buenos americanos y canteranos con talento”.

La cara B no se suele ver, claro. Ni la Caja Postal ni Montigalà -propiedad de Banesto- eran ONGs que ponían su letrerito en la camiseta por dos duros, sino patrocinadores a la vieja usanza que soltaban la plata sin miedo al ridículo. Jofresa en la Penya y Herreros en el Estu cobraban más que alguna plantilla ACB actual entera.

Pero no me voy a poner cenizo, que esto iba de ver qué maravilloso era todo antes y no de hacer como uno de los temas que lo partía en las radios de entonces, el Cómo hemos cambiado de Presuntos Implicados. Mejor tendamos al Smells like teen spirit, a la inocencia juvenil de una peña que en muchísimos casos ahora son cincuentones oficinistas votantes de Ciudadanos y entonces se enfundaban sin miedo al ridículo en chilabas y turbantes proclamando “Alcobendas marroquí y una mierda pal Madrid”.



III- La leyenda que no quiere serlo

Ante este arranque de nostalgia colectiva, el propio Pinoso fue muy crítico. "No entiendo cómo siguen coreando mi nombre. Hace tantos años, han pasado tantos jugadores... Yo tengo una máxima: las cosas terminan y no me gusta mirar para atrás sino hacia delante” nos dijo a la prensa. “Es un honor que no me olviden, pero debéis vivir el momento y mirar al futuro".

El mito que no quiere ser mito. La leyenda que reniega de su condición.

"Es que eres una leyenda, John", le dijo el periodista de Movistar+ Jose Ajero en una grabación de esa maratoniana jornada de entrevistas para ganarse su complicidad.

"Porque tú me ves así. Soy normal y ahora estoy hasta la punta de…" respondió con un particular “zarpazo del oso” dialéctico.

Dicho y hecho: última entrevista del día y por fin en inglés. El resto de la mañana había atendido a los medios, armado de paciencia -la madre de la ciencia-, en su inconfundible castellano con acento de Connecticut. Allí es donde Pinoso, el tío que cambió la historia del Estudiantes, vive actualmente junto a su mujer y tiene una vida que suena poco a mito y más a la del estadounidense medio: asesor financiero y entrenador de un equipo de instituto.

"Los jefes son muy futboleros, siguen poco el basket. Pero cuando les he dicho que traíamos a Pinone no han dudado. Es más conocido que la inmensa mayoría de jugadores actuales. Y de los 80 y 90, sin duda. ¿Qué jugador del Real Madrid de principios de esos años podrías decir?" razona Ajero.

Pero si lo de Pinone es para flipar, el impacto social que supuso la afición de Estudiantes, la Demencia, es un sinsentido.



IV- ¿Te comprarías la hamburguesa Demencia?

El fenómeno ya venía de antes, de los años 80. La Demencia, básicamente, era una coña marinera surgida en el instituto Ramiro de Maeztu que usaba los partidos de su equipo, el Estudiantes, para hacer el ganso.

Ya en los años 80 llamaba la atención de los rivales y los medios, en el vetusto pabellón Antonio Magariños, por su particular humor. Por pura provocación ochentera asumieron como propio el discurso de los ayatolás: "Reagan es un carca, Breznev un invasor, y a todas luces salta que Jomeini es el mejor". Pero, entre tanta provocación cuasi adolescente, una seña de identidad irrenunciable: “la Demencia anima sin violencia”.

Sin violencia física, que la verbal se practicaba y en estos tiempos de Flanderismo meapilas supondría escándalos mayúsculos e incluso alguna pena por terrorismo. "Con la espada de Alá cortaremos la mano de Elías", se podía leer en el partido culmen de aquella temporada 1991-92, la eliminatoria contra el Maccabi de Tel Aviv israelí que se decidió con un oportuno resbalón de su estrella, Dorom Jamchi, en la última jugada.

La macarra referencia a “la mano de Elías”, nombre del pabellón del para nada apolítico ni aconfesional conjunto de Tel Aviv, hoy en día supondría un conflicto diplomático. Entonces la prensa rió la gracia.

¿Por qué?

Muy sencillo: a principios de los 90 el fenómeno ultra en los campos de fútbol españoles vivía sus particulares años de plomo. Las muertes de Frédéric Rouquier o Guillermo Alfonso Lázaro eran la punta del iceberg de la violencia en el deporte. Y como contrapeso a eso, encontrábamos a unos deslenguados chavales de instituto vestidos de moros que daban colorido a la grada. ¿Que mosqueaban al árbitro diciéndole 'usted tiene el SIDA' cuando era una lacra que no sabíamos cómo detener? Bueno, al menos no le estaban tirando bengalas.



Esto generó un fuerte apoyo institucional al modelo Demencia. Acompañado de los éxitos deportivos del equipo, aquello fue un fenómeno social en toda regla que nos dejó algunos momentos tan surrealistas como… puramente noventeros.

Un grupo de chavales con chilabas y politos pijos recibiendo el premio 7 estrellas del deporte de la Comunidad de Madrid. La entrega del premio Infantas de España. Los Inhumanos anunciando a bombo y platillo la grabación de un single con la colaboración de la Demencia. Conflictos legales sobre quién tenía registrada la marca “Demencia” tras mostrar interés Burger King en hacer una hamburguesa con su nombre

La Demencia sigue existiendo, claro. No es una peña al uso, ni mucho menos un grupo ultra. Y tiene mérito. Ahora que el Estudiantes ve como un éxito casi inalcanzable entrar en playoff y que a la policía del pensamiento amparada en la ley del deporte ya no le hacen gracia las ironías sobre el fundamentalismo islámico ir a la grada a animar es un acto de fe y no una moda como fue en aquellos primeros 90.

Y esos jóvenes que cuando Pinone colgó las botas estaban pensando si nacer o no, colgaron una pancarta en el homenaje del pasado domingo a aquellos héroes del 92 que resume muy bien el tema: "25 años de resaca".


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