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Un narco a 300 por hora: la insólita vida de Randy Lanier, el piloto traficante

Mientras se convertía en un prometedor piloto de carreras, Randy Lanier importaba toneladas de marihuana a EEUU. Hasta que le pillaron

A sus 62 años, Randy Lanier continúa poniéndose a más de 300 kilómetros por hora en el circuito de Homestead-Miami.

Allí ejerce como un instructor de jóvenes promesas de NASCAR. Todos quieren que Lanier les instruya. Unos pocos, por la fama que ganó durante los años 80, cuando se convirtió en uno de los pilotos estadounidenses más prometedores. La mayoría, para escuchar las anécdotas de alguien que ha pasado 27 años entre rejas.

Randy Lanier fue liberado el 15 de octubre de 2014 tras cumplir la condena por un delito de importación y distribución de marihuana. En 1988, fue juzgado por traficar con más de 300 toneladas de maría, provenientes de Colombia. Facturó más de 700.000 dólares con el narcotráfico. Y todo mientras volaba por los circuitos de EEUU con coches de motores V8.

Fotografía de Sports Ilustrated

“Puedes ir tan rápido como tus cojones te lo permitan”. Así define Lanier el secreto para ser el mejor conductor. Sin duda, la frase caracteriza a la perfección el estilo que imprimía en los dos trabajos que compaginaba en su juventud.

Antes de ser piloto, Lanier fue traficante. Tenía 15 años cuando comenzó a pasar maría entre sus compañeros de clase. “Honestamente, ni siquiera creo que eso fuera tráfico de drogas. Solo era una forma con la que podía fumar sin tener que gastarme nada”, relata. Entonces no lo veía como una manera de ganarse la vida, pero pronto se dio cuenta de que sus bolsillos se llenaban sin demasiado esfuerzo.

“Estaba ganando muchísimo más dinero en una noche pasando droga de lo que ganaba en toda la semana como obrero”, explica.

De este modo, a los 19 decidió dar un paso más. Se compró una lancha Magnum Sport por 18.000 dólares y comenzó a hacer viajes a las Bahamas, donde pasaba una cantidad muy superior a la que estaba acostumbrado.

Poco a poco, fue aumentando sus recursos y acabó haciendo él mismo los viajes a Colombia, donde tenía una serie de contactos que le hicieron extremadamente rico. Mientras tanto, se casaba con su novia del instituto y montaba un negocio de alquiler de barcos para blanquear dinero en Florida.

No fue hasta que cumplió los 26, en 1980, cuando se interesó de verdad por las carreras de coches. Empezó participando en una pequeña carrera amateur en West Palm Beach. Tras quedar en primer lugar se dio cuenta de que podía llegar lejos en la competición, así que comenzó a participar en todas las carreras en las que le dejaron inscribirse.

Ese mismo año, Lanier ganó un circuito de aficionados del Sureste norteamericano. Y poco más tarde se graduó en la International Motor Sports Association (IMSA), lo que le hizo un hueco en las carreras profesionales.

Mientras se convertía en un piloto reconocido internacionalmente, conseguía sus mejores números con el negocio que llevaba tirando adelante desde la adolescencia.  Eso sí, “nunca fumaba cuando tenía que correr. Podía afectarme y tener un accidente, y no quería que acabara mi carrera tan pronto”.

Hacer tanto dinero con las drogas provocó que tuviera una gran ventaja frente al resto de corredores. “Las carreras requieren talento, pero también una gran inversión. Yo no tenía un presupuesto definido, así que no reparaba en gastos. Todo lo que necesitaba lo tenía al momento”, comenta.

Su mayor logro llegó en 1986. Tras alcanzar la máxima categoría de NASCAR, quedó décimo en el circuito de Indianápolis, por lo que fue designado como el novato del año.

A partir de este momento, la carrera de Lanier parecía cantada. Un gran equipo se interesaría en él y se convertiría en uno de los pilotos más reputados de la década. Sin embargo,  unos meses más tarde el FBI, la DEA y los fiscales federales aparecieron en su vida. Le habían pillado.

La primera investigación al respecto quedó en nada. Pronto fue liberado y el asunto se postergó, momento que aprovechó para darse a la fuga, a pesar de tener mujer y una hija. Lanier cogió casi todo el dinero que tenía y se lanzó al mar, donde llevaría una vida nómada alejado de la policía.

Pero en 1988, mientras soñaba con irse a vivir a Nueva Zelanda, fue atrapado en medio del mar. Lanier estaba pescando cuando un helicóptero se posicionó encima de él. En un principio no creyó que fuera nada, pero al momento le bloquearon el paso y le detuvieron.

Randy Lanier pensaba que iba a pasar toda la vida en la cárcel. No era para menos: pedían más de cuatro décadas de prisión para el piloto. Sin embargo, después de estar 27 años entre rejas consiguió salir en 2014.

Ahora, ha vuelto retomar su vida de velocidad y cojones. Para una pasión que tiene y no es ilegal, piensa explotarla hasta el último reducto.

[Vía Sports Ilustrated]

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