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Sports

Pistolas, sudor y objetos de deseo: la epopeya de las bicis Orbea

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Cómo una armería en el corazón socialista de Euskadi vive tres siglos y se transforma en cooperativa y fabricante top de bicicletas

Ignacio Pato

12 Diciembre 2016 06:00

Eibar no es ciudad para flojos. Enjaulada entre montes en el valle del río Deba, la villa guipuzcoana vio cómo, habiendo armado a todos los varones eibarreses de entre 14 y 70 años, hizo falta un batallón de 100 mujeres para echar de allí a los ultraconservadores carlistas en 1834. El propio Espartero escribió sobre la "demostración práctica que han hecho ya de que saben con las armas en la mano desmentir la debilidad de su sexo".

Las armas, en una ciudad con tradición de siglos en la forja del hierro, no eran novedad. Sí lo iba a ser la empresa que nacería un poco después, en 1840: Orbea Hermanos. Ese nombre acabará uniendo las luchas obreras con la Vuelta a España; el pistolerismo con Instagram.



I. Edad de Oro en tierra inhóspita

Orbea nació en el enjambre de fábricas de aquel inhóspito Eibar del XIX, con el transporte fluvial por el Deba como pulmón que facilitaba la exportación. Del linaje de la familia hay noticias ya en el Renacimiento, nos recuerda Iván Vega, autor del libro Orbea 175 aniversario. "La familia tenía incluso negocios en México, aunque la fábrica fue un taller supermodesto, eso sí, con una cultura de empresa ambiciosa".

Para la década de los 60, Orbea ya es la empresa armera más importante de Eibar, con medio centenar de trabajadores. Especializados en el arma corta, su producto estrella es el revólver para cartuchos de espiga. Llegaron las primeras patentes, y también el dominio del arte del damasquinado: la decoración mediante el hilado de oro en pistolas o escopetas.


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Superadas las guerras carlistas con el grueso de Eibar siempre del lado liberal, llega el siglo XX, y la ciudad, con más de la mitad de su población como obrera, se convertirá en uno de los bastiones del socialismo vasco. Con un sistema de trabajo basado en el destajo o cobro por pieza facturada, la línea de producción echaba chispas: más de medio millón de armas salieron de Orbea hacia 1905, algunas de ellas revólveres reglamentarios —el conocido como nº7 de 11mm— de la Guardia Civil o el ejército español.

La I Guerra Mundial haría palidecer esos números: 725.183 unidades vendieron en 1916. Se abrió una fábrica en Buenos Aires. Pero serían los cantos del cisne de la Orbea armera; llegó la paz.


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II. 'Maldita' paz

La paz no le viene bien a una empresa dedicada a las armas. "Hubo reducción de pedidos", señala Vega. "Y eran generaciones confiadas al aprendizaje del oficio. Empiezan a pensar qué hacer porque las armas ya no dan de sí".

Las luchas obreras van a contribuir a moldear el futuro de Orbea por dos flancos en 1920. De un lado, ante la vorágine de violencia pistolera en las calles entre paramilitares patronales y militantes anarquistas, el gobierno decide endurecer el control a la industria armera. El mercado de las armas vira hacia el ocio y la caza, a un público más burgués. Por otro, y en el mismo año, la conciencia de los propios empleados lleva a una huelga que acaba con el nacimiento de Alfa, especialista en máquinas de coser. Es la primera cooperativa de la zona.

"Había un un debate en el aire en torno a 'somos buenos trabajando el hierro, hagamos algo que le de salida a esta pericia'", señala Vega. Además de gemelos para chaquetas, fabricaron cochecitos para bebés. Esa época nos deja anuncios en los que una pistola y un carrito de niño comparten espacio publicitario.


Mariano Cañardo fue el primer gran campeón de Orbea, el ciclista que abrió el camino de la marca a ser conocida por el gran público


"No obstante es la empresa GAC la que fabrica una bicicleta por primera vez en Eibar. Fue en 1929 Eulogio Garate, abuelo del que después sería delantero del Atlético de Madrid", cuenta Vega. Sería Orbea la gran triunfadora porque desde el comienzo supo equilibrar la venta para el deportista amateur con una entrada de lleno en el mercado profesional del ciclismo.

El ídolo ciclista de aquella España republicana, Mariano Cañardo, montaba Orbea. "Y no olvidemos que el germen de la primera Vuelta a España, que es en 1935, fue la Eibar-Madrid-Eibar. La mitad del pelotón llevaba BH —Beistegui Hermanos— y la otra mitad Orbea", añade Vega.

El gobierno vasco leal a la República trató desde Bilbao de relanzar la fabricación de armas de Orbea para detener el avance golpista. Duró poco: bombardeada por la aviación del III Reich y de Mussolini y asediada desde sus montes por franquistas y requetés carlistas, el 26 de abril de 1937 Eibar cayó.


Como en su época armera Orbea incorporó nuevas patentes internacionales y entre ellas causó estruendo la Velosolex, también llamada 'la bicicleta que rueda sola'


III. La victoria cooperativa

Desde una Eibar hecha trizas salieron decenas de miles —un cuarto de millón por todo el país en 1942— de bicicletas. El siguiente paso sería la identificación de Orbea con la excelencia académica.

"Entrados los 50, la bici no dejaba de ser un artículo de lujo. La publicidad que se hizo fue que cada sobresaliente podía convertirse en una Orbea. Se incentivaba a los padres a regalar la bicicleta; se hacían sorteos entre los mejores alumnos. El problema es que la fábrica era cada vez menos rentable y obsoleta", señala Vega.

Además, la demanda de bicicletas descendió entre la pujanza de automóviles y otras ofertas de ocio. En 1969, Orbea presentó suspensión de pagos y se abrió el camino a una solución que dura hasta la actualidad: la cooperativa de trabajadores.



Bebiendo de una tradición laboral de la zona, poniendo medio millón de pesetas entre quien quisiera quedarse y ayudados por el Grupo Mondragón, se procedió a rejuvenecer, prejubilaciones mediante, a una plantilla que quedaría a la mitad. "Fueron años muy duros, y además había que luchar contra una la mala fama de dichos como 'Orbea, en cada bache se estropea'", dice Vega.

Para cambiar la percepción de producto viejo y pesado, la mejor publicidad sería el equipo de ciclismo profesional Orbea-Danena. Con él corrió Marino Lejarreta, Perico Delgado ganó la Vuelta del 85 y Peio Ruiz Cabestany una etapa del Tour del 86. La experiencia acabó con el impulso de Orbea a la Fundación Euskadi y el Euskaltel. En mitad de la fiebre de las bicicletas de montaña de los 90, Orbea apostó claramente por la gama alta.


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El triunfo final iba a llegar hace ahora casi tres lustros con la Orca, acrónimo de Orbea Carbono. Aquella iba a ser designada como bicicleta del año en el Eurobike Award y para las revistas especializadas Ciclismo a fondo y Vélo Magazine. La marca se había internacionalizado y las previsiones de ventas para el año solo en Francia llegaron en tan solo una semana.

Hoy, entre practicantes o recién llegados, hay consenso: las Orbea son objeto de deseo. Redondea la imagen el marco de un Instagram cool, pero nada fácil, ni banal, fue llegar hasta ahí tras casi dos siglos de peleas contra casi todo.


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