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Guantes negros eternos: lo que no sabías del saludo del siglo

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Los velocistas que alzaron sus puños contra el racismo en México 68 se vuelven a ver las caras

omar naboulsi

03 Agosto 2016 16:04

Son los protagonistas del saludo más simbólico del pasado siglo. Tommie Smith y John Carlos, los velocistas estadounidenses que desafiaron la tensión racial en su país, se han vuelto a ver las caras. Ha sido en el campus de la Universidad de San José de California, donde se formaron.

Los dos serán siempre recordados por levantar sus puños enguantados mientras escuchaban el himno estadounidense con la cabeza gacha, en el podio de la prueba de los 200 metros de México'68.

Este saludo, popularizado por el movimiento Black Power de los Panteras Negras, fue una muestra de rebeldía ante la situación de desigualdad entre blancos y negros en EEUU.

Smith y Carlos en la estatua que les homenajea en la Universidad de San José

Este gesto, ahora alabado en el mundo entero, les costó la retirada de sus títulos y la exclusión de por vida de la competición olímpica por parte del COI. Además, fueron relegados a la marginalidad, el desempleo y el escarnio social.

Pero el saludo de Smith y Carlos venía precedido por el turbulento contexto social de la época. El racismo en EEUU a finales de los 60 había provocado una situación convulsa, el Movimiento de los Derechos Cíviles se había plantado ante el segregacionismo.

Rosa Parks fue una de las abanderadas del movimiento, casi sin proponérselo. En diciembre de 1955, en el sur de Alabama, Parks se negó a obedecer al chofer de un autobús que quería obligarla a ceder su asiento a una persona de raza blanca. Fue encarcelada por su conducta, acusada de haber perturbado el orden.




Mientras tanto, Martin Luther King, por aquel entonces un pastor evangelista poco conocido, inició una protesta contra el transporte público en Alabama pidiendo a los afroamericanos que viajasen por sus propios medios. Tan solo unos meses después, cuando los autobuses empezaron a ser deficitarios, las autoridades abolieron la segregación en el transporte.

En noviembre de 1963, JFK fue disparado mortalmente mientras circulaba por Dallas en el coche presidencial. Era el único presidente de la historia los EEUU que hasta la fecha había mostrado su apoyo a la igualdad de derechos entre blancos y negros.

No solo la muerte de JFK hacía peligrar un futuro más igualitario, los asesinatos de los dos principales líderes de la lucha afroamericana acabaron por elevar la tensión al límite.

A Malcolm X le arrebataron la vida en Nueva York. Dos años después de la muerte de Kennedy, tres hombres blancos le dispararon hasta en 16 ocasiones, matando al motor ideológico más combativo del movimiento negro.



Tan solo cinco meses antes de la celebración de las Olimpiadas de México, en abril del 68, el más moderado Martin Luther King fue asesinado. Un segregacionista blanco le endosó una bala en la garganta, provocando la muerte del Premio Nobel de la Paz por su lucha no violenta.

Para rematar la convulsión social que había en torno a la cita olímpica, 10 días antes de que empezasen los Juegos se produjo la Matanza de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. El 2 de octubre del 68, en una manifestación estudiantil, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz decidió disolver la concentración a balazos, con el ejército como brazo ejecutor.

Las cifras de los muertos aún varían a día de hoy. Los allí presentes declaran que vieron a las autoridades recoger centenares de cadáveres con camiones de la basura.

Smith y Carlos se sintieron casi obligados a hacer un gesto por la comunidad negra. En un principio querían boicotear el certamen, pero después pensaron en usarlo como plataforma de protesta. 

El 16 de octubre subieron al podio de los 200 metros como primero y tercero, respectivamente. Cogieron cada uno un guante y alzaron el puño con las barras y estrellas de fondo. Cuando se bajaron del podio fueron abucheados por la multitud.

El saludo copó las portadas de todos los diarios, siendo criticados en la mayoría de casos. La revista Time les condenó públicamente, mostrando el logo de los cinco anillos con las palabras "Angrier, Nastier, Uglier" -más furioso, más sucio, más feo-, en vez del clásico lema olímpico "Faster, Higher, Stronger" -más rápido, más alto, más fuerte.

Fueron inmediatamente expulsados. Además, fueron perseguidos y amenazados de muerte. Smith dejó de competir para terminar jugando al fútbol americano en los Cincinnati Bengals y se divorció de su mujer.

Carlos tomó el mismo camino y jugó en los Philadelphia Eagles. Su mujer se suicidó ante las presiones que sufrieron.

Más tarde, Smith acabó siendo asistente de profesor de eduación física en la universidad Oberlin College, en Ohio. En la actualidad da conferencias. Por su parte Carlos, tras retirarse del fútbol americano, fue entrenador de atletismo en el instituto Palm Springs, trabajo que aún conserva.

Entre sus muchas anécdotas como profesor, Carlos recuerda una especial cariño. Una mañana vio como cuatro chavales salían a escondidas del colegio para saltarse las clases. Carlos corrió detrás de ellos y les alcanzó con rapidez. Los chicos supieron esconderse en una esquina, hasta que el corredor olímpico les escuchó hablar, preguntándose quién era ese viejo que corría tanto.

Cuando Carlos les hizo salir del escondite, los chavales le preguntaron quién era. Les contestó que si eran estudiantes, tarde o temprano le conocerían. Un año más tarde, los jóvenes pararon a Carlos en el instituto y le mostraron un libro de historia con la foto del mítico saludo y su nombre en el pie de foto, preguntándole si fue a las Olimpiadas... 'El viejo' sonrió. 



Para el profesor de atletismo, su foto con Smith en el podio es la Mona Lisa moderna, una imagen universal que todo el mundo quiere ver y con la que todo el mundo quiere estar relacionado.

A pesar de la represalias que sufrieron tras el gesto, ninguno de los dos se arrepiente. De hecho, lo volverían a hacer.







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