PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Sports

Sarri, un hijo de obreros atado al chándal, el pitillo y la literatura

H

 

Al entrenador que buscará eliminar de Champions al Madrid le llaman Míster 33 por el número de jugadas a balón parado que ensaya

Omar Naboulsi

14 Febrero 2017 16:36

Seguir llevando chándal en un banquillo de fútbol ya te cataloga como un entrenador chapado a la antigua o, como mínimo, un romántico empedernido. El actual entrenador del Nápoles, Maurizio Sarri, es uno de ellos.



Quizás sea porque se ha peleado en las catacumbas del fútbol italiano demasiado tiempo como para ponerse traje a estas alturas. A sus 58 años, debutó en la Serie A hace sólo tres campañas logrando el ascenso con el Empoli.

En 2014, cuando empezó su andadura en la élite, le preguntaron en una entrevista en La Repubblica cómo llevaba lo de ser el entrenador que menos cobraba del campeonato. "Soy hijo de obreros, con lo que gano tengo de sobra. Me pagan por hacer algo que hubiera hecho gratis", respondió. Y no era una forma de hablar.

Estuvo más de 10 años trabajando como empleado de banca por las mañanas y entrenador en regionales por la tarde, luego pidió una excedencia y finalmente pidió permiso a la familia para dejar su trabajo fijo y aventurarse con el balón y la pizarra en tercera división.



Además del chándal, tampoco se separa del tabaco. En cuanto no le ven se enciende su pitillo cerca del banquillo aunque esté prohibido. De hecho, en algunos partidos ha tenido que acercarse a la grada para que algún aficionado le dejase unas caladas.

Ante todo es un hombre supersticioso, o lleno de scaramanzia, como lo llaman allí. Tanto que hubo una época en la que sólo vestía de negro porque un chándal de ese color le trajo suerte en un partido. Cuando entrenaba al Pescara usaba un spray para pintar de negro los botines de colorines de sus jugadores.

A Sarri le conocen como Míster 33. Ese mote se lo puso su amigo periodista Fabrizio Ferrari por el número de jugadas a balón parado que tenía Sarri.



Es un enfermo de la estrategia y vive obsesionado con los movimientos defensivos de su defensa. En el Empoli empezó a usar drones para grabar los entrenamientos solo para que sus defensas vieran las imágenes y estudiaran sus posiciones en el campo.

Amante de Vargas Llosa, Bukowski y John Fante, está convencido de que un entrenador de fútbol debe tener inquietudes vitales. “Personalidad, buen habla y conocimientos. Estos son los que hacen creíble los dos primeros. Yo estudio hasta 13 horas al día”, confesó Sarri, el hombre del chándal, el pitillo y los libros.



share