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"Mi cabeza dice sí, pero mi cuerpo grita": la atleta Vervoort habla sobre su eutanasia

No quiere morir, solo vivir controlando los tiempos

El pasado agosto nos hicimos eco del caso de Marieke Vervoort, una atleta paralímpica que firmó los papeles de la eutanasia para acabar con su vida tras los Juegos de Río.

Tres meses después, Vervoort puede estar afrontando la última etapa de su vida.

Vervoort fue pensando en su propia muerte mientras perdía la independencia de manera progresiva. Además de la pérdida de visión, cada vez sufre más ataques de epilepsia. "Cada año es peor. A cada rato tengo que dejar de hacer cosas. Si me hubieras visto hace unos años... podía dibujar preciosas obras de arte. Ahora es imposible. Puedo ver en un 20%. ¿Qué será lo próximo? Tengo mucho miedo”, ha explicado a BBC.

Con 37 años, está postrada en una silla de ruedas sufriendo tanto dolor que despierta a sus vecinos gritando por la noche. No puede dormir más de diez minutos seguidos por los dolores que le produce la enfermedad muscular degenerativa que sufre en la columna vertebral.

Las dos medallas que ganó en Río’16 son las últimas que está dispuesta a conseguir. La eutanasia es legal en Bélgica desde el año 2002, y hace ocho que Vervoort firmó los papeles que permitirán a un médico terminar con su vida.  

Vervoort matiza su deseo de morir: quiere vivir pero controlando los tiempos.

Zenn es el Labrador que le ayuda. Las enfermeras visitan a Vervoort cuatro veces al día para atender sus necesidades médicas, pero Zenn le da a su dueña un punto extra de independencia, acercándole cualquier cosa y ayudándola a vestirse.

"Cuando estoy feliz, ella es feliz. Cuando estoy inquieta, ella está asustada y va a sentarse en otra parte de la casa para no molestar. Cuando estoy llorando, viene a acostarse conmigo, a lamerme la cara, a abrazarme”, explica la atleta belga. "Cuando voy a tener un ataque epiléptico, ella empuja su cabeza entre mis rodillas y me dice: 'Marieke, tienes que acostarte, vete a un lugar seguro porque algo te va a pasar'”.

Ha dejado de hacer deporte porque el cuerpo no le responde. Ella se muere de ganas por competir, pero los ataques de epilepsia y los dolores no le dejan en paz. Por ello consume a diario morfina y varios analgésicos.

"Otras personas paran de practicar sus deportes porque dicen que no quieren hacerlo más. Tengo que parar porque mi mente dice que sí, que vaya más allá, que todavía se puede hacer. Pero mi cuerpo grita, pide ayuda y me dice ‘deja de entrenar, me rompes’”.

Asegura que haber firmado los papeles de la eutanasia en 2008 es la mejor decisión que tomó. Era la seguridad que le faltaba para seguir viviendo, ya que desde ese momento podía decidir cuando y como iba a morir. "Si no tuviera esos papeles, no habría podido ir a los Juegos Paralímpicos, era una persona muy deprimida, estaba pensando en cómo iba a suicidarme. Gracias a esos papeles todavía estoy viva”.

Para ella, esta es la mejor opción para las personas que están en una situación parecida a la suya.

"Todo aquel que recibe esos papeles aquí en Bélgica tienen una buena sensación, no tienen que morir de dolor, pueden elegir un momento y estar con la gente con la que quieren estar. Seguro que tendrán una muerte suave y hermosa", ha dicho la belga.

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