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Los amantes de 'London Calling' le debemos mucho al fútbol

¿Qué hacer cuando el mundo se pone más punk que tú? Pues jugar al fútbol a muerte y componer una obra maestra

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En todo proceso creativo colectivo hay una finísima línea roja que separa la tensión positiva de las ganas de coger por la pechera al de al lado. The Clash bailaron sistemáticamente sobre ella.

La cosa pintaba de pena en el verano del 79. Joe Strummer y Mick Jones, principales compositores, llevaban un año de bloqueo, un año sin poder escribir una canción. Así, con una mano alante y otra atrás, se encerraron en unos estudios del barrio londinense de Pimlico dispuestos a componer lo que debía ser su tercer disco.

El punk, decían ya para aquel verano, había muerto, pero en Irán Jomeini nacionalizaba todo lo que encontraba. En Nicaragua los sandinistas echaban del país al dictador Somoza. El IRA ejecutaba a Lord Mountbatten, exgobernador del Imperio Británico en la India. En las orejas inglesas, la canícula estuvo marcada por el abrumador Nº1 en las listas de Boomtown Rats con I don't like mondays, una canción pop inspirada en una matanza adolescente.

Y Margaret Thatcher llevaba solo 3 meses en el 10 de Downing Street.

¿Qué iban a hacer The Clash, aquella tribuna electrificada desde la que Joe Strummer lanzaba soflamas socialistas al mundo?

Pues jugar al fútbol.

Cada tarde, bajaban a un patio cercano al estudio y jugaban hasta que no podían más. A veces se unían técnicos, periodistas o incluso actores como Ray Gange -protagonista de Rude Boy-. Al parecer, los partidos eran tan épicos que a la puerta del estudio acabaron llamando niños de un colegio cercano, de entre 9 y 13 años, que al acabar las clases querían jugar con aquellos locos de Pimlico. 

Fue la manera que encontró The Clash tanto para calentar de cara a las sesiones de por la tarde como sobre todo para cuidar la siempre tormentosa relación entre ellos.

El batería Topper Headon tenía toque, Mick Jones -seguidor del Queen's Park Rangers- no pasaba ni un balón y el bajista Paul Simonon -fan del Tottenham- y Joe Strummer iban al choque.

Este último vivía cerca de Stamford Bridge, estadio de su equipo, el Chelsea. Al lado del Támesis.

Londres se ahoga y yo vivo al lado del río

Eso cantaba Joe al principio de un disco memorable.

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