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Sports

La caída de Leonardo Cuéllar: de icono hippy mexicano a la homofobia

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Parecía un poeta bohemio en los 70 y ahora, como seleccionador, dos jugadoras mexicanas le acusan de discriminación

Omar Naboulsi

10 Julio 2017 16:18

A Leonardo Cuéllar ya no se le reconoce ni de casualidad. No al menos los que le vieron jugar en los 70 y en los 80 con una cabellera afro más cuidada que las integrantes de Destiny's Child.

Aunque siempre se le consideró una persona tolerante, esta semana su imagen internacional ha sufrido un fuerte revés. Su pelo actual, corto y canoso, no tiene nada que ver. Como ya te contamos aquí, las futbolistas mexicanas Bianca Sierra y Stephany Mayor denunciaron en un reportaje del NY Times que Cuéllar, antiguo seleccionador femenino de México, les pidió de manera indirecta ocultar su relación en público.



Por el momento, ha preferido no comentar esta acusación, pero que no la desmienta ya es una mala señal. “En su momento hablaré al respecto de una manera general, lo estoy evaluando”, ha contestado a todos los medios que han intentado hablar con él.

En el reportaje, las jugadoras recuerdan que en 2015, durante un torneo previo a la Copa Mundial de Chipre, Cuéllar reunió al equipo para hablar del reglamento interno y ahí, sin dirigirse personalmente a ellas, pidió que escondieran su relación.

“Cuéllar dijo: ‘A mí no me importa si son novias o no, pero no las quiero ver ahí agarradas de la mano o haciendo desfiguros’”, explicó Mayor.



Llama la atención esta conducta, ya que Cuéllar estuvo como seleccionador durante 18 años, aunque encaja con la cultura homófoba del fútbol mexicano.

En sus tiempos de futbolista, Cuéllar era toda una figura del fútbol azteca, el favorito de los medios de comunicación y el alma de los Pumas de UNAM. Siendo un medio ofensivo determinante y muy creativo, ayudó al club a ganar su primera liga, aunque no la celebró: se quedó en casa para apoyar una de las huelgas estudiantiles de los 70.

Cuando debutó era un jugador tímido con el pelo corto, pero cuando consiguió aquellos títulos ya lucía la inolvidable cabellera afro, estudiaba en la universidad y era el jugador más valorado del campeonato.



Su estilo de juego y de vida llamó la atención de todo el país. Se casó con una americana llamada Tammy que conoció en Acapulco, montó un negocio de ropa urbana, tenía diez perros afganos en su casa de San Jerónimo, un chow-chow, un gato siamés y una leona.

Era un icono popular atípico. Aunque se le trataba como a un poeta bohemio medio loco, su trato con la prensa era ideal, dando entrevistas con calma y sinceridad.



Aquella corazonada que tenía la gente sobre las inquietudes de Cuéllar se confirmó cuando se fue a jugar a EEUU –una de las primeras estrellas en hacerlo- y durante su retirada. Al colgar las botas se quedó a vivir en la California más hippie, donde completó estudios en psicología y trabajó catorce años entre la Universidad Internacional de San Diego, la Universidad Estatal de California y el club Flyers, dirigiendo a varios equipos juveniles.

Parece que en ninguna facultad le acabaron de explicar que homosexuales y heterosexuales merecen el mismo respeto.



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