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El negro de ojos azules que ganó una etapa del Tour pero acabó en un campo de concentración franquista

La dictadura franquista no permitió que Julián Berrendero, primer español que ganó la Vuelta, fuera una estrella mundial

A Julián Berrendero se le recuerda poco, aunque siempre por estas fechas. Su nombre tampoco suena demasiado, pero fue uno de los mejores ciclistas de la historia de este país y dominó las montañas del Tour de Francia en los 30 y los 40, una competición que vuelve el próimo 1 de julio.

Hijo de dos guardas del Canal de Isabel II, empezó a coger la bici para ir a trabajar desde Fuencarral a unas obras en las que trabajaba como aprendiz.

Cuando empezó a ser conocido ya le pusieron un mote que le acompañaría de por vida: el negro de los ojos azules. El color de su rostro tostado a causa de tantas horas bajo el sol con la bicicleta chocaba con el tono oceánico de su iris, pareciendo aún más moreno de lo que era.

Berrendero murió en Madrid en 1995 a los 83 años, pero siempre se le recordará por ser el primer español en ganar la Vuelta a España. De hecho, ganó dos ediciones consecutivas -1941 y 1942 -, pero su carrera dio para mucho más de sí, siendo considerado el primer especialista en grandes vueltas del país.

Tal era su nivel que con 18 años fue capaz de plantarle cara al mismísimo Gino Bartali, el corredor italiano que salvó a 800 judíos, en la Vuelta de 1935. El tema de los maillots y los pantalones ultra cómodos no había llegado, y Berrendero competía en camisa, alpargatas y calzoncillos de lana.

Al año siguiente debutó en el Tour de Francia ganando el premio a “Rey de la Montaña” e impresionando al público francés por su poderío en los desniveles.

Era otra época, eso sí, aquella en que los ciclistas se echaban un par de birras y un cigarrillo entre cima y cima para celebrar los avances.

Durante la Guerra Civil Española, Berrendero se exilió en tierras francesas y se ganaba la vida en un pueblo cerca de Pau corriendo para el equipo France-Sport con el que ganaba cada dos por tres en carreras de un día.

No tuvo otra opción. Al acabar ese Tour, realizó unas declaraciones en defensa del gobierno republicano que le empujaron a huir de España.

Al acabar la guerra volvió a su país porque echaba de menos a la familia, aunque nada más cruzar la frontera en la estación de Irún, fue detenido y condenado a pasar 18 meses en campos de concentración franquista, en Espinosa de los Monteros (Burgos), Rota (Cádiz) y Madrid.

Fue indultado en marzo del 1941 gracias a la ayuda de un antiguo ciclista, José Llona, que en ese momento era capitán del ejército y le permite regresar a los entrenamientos. En ese mismo año y el siguiente campeona en la Vuelta, pero el aislacionismo de España le impide ser un fenómeno mundial. La posguerra hizo que no hubiera Vuelta entre 1937 y 1940, ni en el 43 y el 44. Berrendero tampoco pudo disputar el Tour entre 1939 y 1948, primero por la Guerra Mundial y después por la censura a los corredores españoles en muchos países a raíz de la dictadura.

Como colofón de su desdicha, su padre murió mientras corría la Vuelta del 1948. Aquel golpe psicológico y a sabiendas de que sus mejores años encima de la bici ya habían pasado, decidió retirarse. Al negro de los ojos azules no le dejaron triunfar.

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