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Sports

Lillo en Medellín, ¿gurú esperanzador o esperado bluff?

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Luces y sombras del nuevo entrenador de Atlético Nacional y su gran reto colombiano

omar naboulsi

28 Junio 2017 15:17

Twitter Atlético Nacional

César Menotti le tocaba la espalda y preguntaba sin parar a Roberto López Ufarte, uno de sus jugadores, por un joven de 22 años que la tarde anterior le había acribillado a preguntas durante siete horas en el hotel donde vivía.

Era el año 1987 y Menotti entrenaba al Atlético de Madrid. López Ufarte le había hablado hacía unos días de un vasco que dirigía equipos de fútbol en Tolosa desde los 16 años, admiraba su filosofía futbolística y quería conocerlo. Aquel joven técnico era Juanma Lillo, que después de aquellas 7 horas de densísima charla se presentó en la ciudad deportiva del Atleti a la mañana siguiente para comprobar como trabajaba Menotti.

Treinta años después esa obsesión por el fútbol le ha llevado a fichar por el Atlético Nacional, el actual campeón de la Copa Libertadores y de la liga colombiana.



En Medellín intentará resarcirse de un mal paso en el eterno rival, Millonarios, donde no acabó de cuajar.

Pero, ¿qué pueden esperar de Lillo los aficionados del verde?

De todo menos medias tintas. Le encanta controlar los partidos a su manera, a través de la posesión y de una salida de balón impoluta. A estas alturas no va a cambiar su modelo, así que los futbolistas deberán amoldarse a las directrices del fútbol de toque de Lillo.

Tal y como dijo el presidente de Nacional en su presentación, es un gurú.

Sus profundas reflexiones y un compulsivo cuestionamiento de todo lo que rodea al juego le han llevado a ser una fuente de conocimientos a consultar para grandes entrenadores en la actualidad. Algo así como un Oráculo de Delfos que sin embargo no ha llegado a consagrarse nunca en la élite de los banquillos.

Sampaoli sabía muy bien todo lo que escondía Lillo, por esa razón se lo llevó como segundo entrenador a la selección chilena y al Sevilla, donde ha estado hasta ahora.



Este aura de maestro casi espiritual envuelve al técnico desde hace 25 años. Se dio a conocer en el Salamanca, cuando cogió al equipo en Segunda División B hasta llevarlo a Primera gracias a dos ascensos seguidos. La prensa y los jugadores ensalzaban sus métodos y su buen trato con el balón. Con solo 29 años se había convirtió en el entrenador más joven de la historia en debutar en Primera División.

Estaba en la cresta de la ola, aunque rompió demasiado pronto en la orilla.



Tras ser despedido del Salamanca, pasó por Oviedo, Tenerife o Zaragoza, pero siempre con estancias cortas. No conseguía que sus equipos jugaran de la manera que quería, ya sea porque no disponía de una plantilla adecuada para su modelo o porque no sabía conectar con sus futbolistas.

Este problema le ha perseguido durante toda su carrera y solo equipos de perfil bajo -a excepción de la Real Sociedad-, han apostado por sus servicios como primer entrenador, aunque sin perder el reconocimiento de los grandes teóricos.

Sus charlas con Menotti, como admirador de la escuela argentina, también le sirvieron para que este le diese a conocer entre otros filósofos anclados en el cliché del fútbol de buen gusto, como Jorge Valdano y Ángel Cappa, que siempre han alabado su figura.

Guardiola le tiene en un altar. De hecho, después de un Oviedo-Barça con Lillo entrenando en el Tartiere y Guardiola de corto, el catalán le pidió hablar con él. "Perdimos por 2-4, pero se presentó en mi vestuario y me dijo que habíamos jugado bien. Que me seguía y que le gustaría mantener el contacto. Me quedé de piedra, igual que cuando le leí que no querría irse del fútbol sin jugar en un equipo entrenado por mí", ha explicado Lillo en más de una ocasión.




Y así fue. Antes de retirarse, Guardiola jugó en el Dorados de Sinaloa mexicano bajo las órdenes de Lillo. Se dice que apuntaba cada ejercicio del técnico en una libreta. Es más, Guardiola reconoce sin problemas que es el mejor entrenador que tuvo nunca, por encima de Johan Cruyff.

El Atlético Nacional será un nuevo lugar donde poner en práctica ese fútbol que tanto veneran Menotti, Valdano, Guardiola y tantos otros. Ahora solo falta saber si será otro intento fallido de Lillo o la consagración inesperada de un gurú al que casi todos quieren escuchar.


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