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El revolucionario que escaló el Mont Blanc a pesar de tenerlo prohibido

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Josep lleva 80 de sus 95 años enamorado del único territorio que ha sido siempre libre en España: la montaña

Ignacio Pato

15 Diciembre 2016 16:35

Josep era menor de edad cuando se enamoró perdidamente. Quién le iba a decir que ya nunca iba a querer separarse de la montaña hasta hoy, cuando acaba de cumplir 95 años.

Y no estaba en el Pirineo ilerdense por gusto, sino enrolado en la Columna Durruti anarquista que luchaba contra el inminente avance franquista. Es el punto de partida de la fascinante historia de Josep Milà i Atzet, que trata de ser inmortalizada a través de captación popular en el documental Milà, resistència a la muntanya.



"En la guerra siempre fuimos en retirada", explica en el teaser con amargura. "Hasta la Seu d'Urgell y de ahí miles de personas, caminando por la carretera, ¡todos a Francia!. Nos metieron en un tren de carga, haciendo allí dentro todas las necesidades. Llegamos al campo de internamiento de Vernet d'Ariège -posteriormente usado por los nazis como macabra 'sala de espera' a la muerte de Dachau o Ravensbrück- en febrero de 1939, yo tenía 17 años".

'Yo por Francia no doy ni el sudor ni la sangre', les dijo a los guardias. Como muchos republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas, o simplemente demócratas que pusieron el cuerpo contra el fascismo español, no perdonaba la insolidaria neutralidad de Francia con la II República.

De vuelta a su Vilafranca natal, Milà, aun menor y de vuelta a su oficio de campesino, se negó en redondo a las misas dominicales a las que obligaba a ir la Falange y —siguiendo una tradición de naturismo libertario de la que hablamos en profundidad aquí— las cambió por excursiones a las montañas del Penedès. Pasados unos años, en 1944, fundaría la Joventut Excursionista Vilafranquina.



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En sus salidas a los Pirineos, pudo disfrutar de la libertad que le faltaba en la tierra bajo el nacionalcatolicismo franquista. Hasta que en 1949 tuvo un encuentro con falangistas que, además de apalizarle, le acusaron de haber dejado en las cimas coronadas tarjetas con la senyera catalana y estrofas del himno Els segadors.



La Federación Española de Montañismo le expulsó a perpetuidad de toda entidad excursionista.

Pero aunque legalmente no tenía la licencia que necesitaba para hacerlo, Milà se las arregló para subir en xiruques al Mont Blanc en 1961. Llegó a visitar espacios naturales de hasta 150 países diferentes hasta que en 1989, ya con 68 años, la Generalitat le dio la medalla de Forjador de la Historia Deportiva de Catalunya.

Le quedaban aun 15 años, hasta 2004, para recuperar la licencia federativa. "Gracias", pensó quizá Milà, "pero no la necesité", que hoy sigue cuidando de su pequeño viñedo de siempre.


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