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Sports

Jelena Dokic, o cuando te retiras por culpa de un padre maltratador

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Hoy su relación es fluida. ¿Síndrome de Estocolmo doméstico?

Omar Naboulsi

01 Junio 2017 10:48

(Imagen: Getty)

Jelena Dokic se crió en medio de la Guerra de los Balcanes, pero los bombardeos no fueron lo peor de su infancia. Siempre con una raqueta en la mano por las calles de Osijek (Croacia), era de esas tenistas de las que todo el mundo hablaba a finales del siglo pasado.

En una época donde las Arantxa Sánchez Vicario, Graf, Seles y compañía empezaban a flojear, el público quería nuevas estrellas. La fuerza de Dokic en la pista y su depurada técnica hicieron que la gente apostara a ciegas por ella. Más aún cuando apalizó a la número 1 del mundo, Martina Hingis, en Wimbledon’99 por 6-2 y 6-0.

Solo tenía 16 años, aunque con 19 ya era la número 4 del ranking ATP.



Parecía que su carrera iba sobre ruedas, hasta que en el camino se topó con un pedrusco demasiado grande como para esquivarlo: su autoritario y violento padre, Damir Dokic.

Para muchos, sin exagerar, uno de los personajes más polémicos de la historia del tenis, problemas con la justicia incluidos.

Damir se dio cuenta que la niñez de su hija iba a estar marcada por la guerra, que explotó cuando Jelena acababa de cumplir 8 años. Cansado del conflicto armado, Damir decidió escapar a Australia con toda la familia. Por esa razón Jelena defendió los colores del país desde 1998 hasta el año 2000, y desde 2006 hasta su retirada definitiva. Su padre le obligó a recuperar la nacionalidad serbia en ese espacio de tiempo.



Este hombre fue boxeador y taxista antes de vivir a costa de los logros de su hija. Se autoproclamaba veterano de guerra y aseguraba que luchó en el ejército serbio, pero nunca se llegó a comprobar.

Lo que sí se ha demostrado es que abusaba físicamente de su hija, tal y como confesó Jelena en 2009:

“Tengo mucha suerte de seguir aquí. He pasado por cosas mucho peores que nadie en el circuito. Cuando pasas por algo así, un partido de tenis es algo fácil a lo que enfrentarse” dijo la ex tenista en The Guardian.

En el mes de mayo de ese año fue detenido por amenazar al embajador de Australia en el diario serbio Blic, donde llegó a decir que había llamado por teléfono a la embajada australiana, amenazando con lanzar una bomba en el coche del embajador si no rectificaban la información que aseguraba que había abusado de su hija.

Aquel incidente le costó 17 meses de cárcel: 10 por intento de atentado y 7 más por posesión ilegal de armas y artefactos explosivos.

No fue el único delirio que tuvo Dokic. También fue detenido en Birmingham por cortar el tráfico borracho, gritando en contra de “los nazis que permiten el bombardeo de Yugoslavia”.



Como guinda del pastel, acusó a Croacia y al Vaticano de lavar el cerebro de su hija, porque había decidido apartarse de él.

Por si fuera poco, en aquella confesión de 2009, Jelena dejó entrever que gran parte del dinero que ganó como tenista acabó en el bolsillo de su padre a causa de chantajes o porque directamente prefería darle dinero para que le dejara tranquila una temporada.

Sin embargo, los problemas de Jelena en la pista empezaron justo cuando expulsaron a su padre de Wimbledon y del US Open. Hasta la Women’s Tennis Association le prohibió entrar en sus torneos.



Aunque le hiciera la vida imposible, no podía competir sin su padre cerca.

“Combatí una depresión severa durante dos años. Estuve meses sin jugar. Tuve problemas con todo: con mi peso, con mi estado mental... Viví momentos duros. Intenté creer. Dios fue mi prioridad”, reveló Dokic.

Después del calvario psicológico, volvió a las pistas en 2008 sin su nivel de antes, pero las lesiones y los problemas de tiroides acabaron por forzar su retiro definitivo a finales de 2013, cuando aún ni había cumplido los 30 años.

Ahora es comentarista de tenis en la televisión australiana y tiene una relación fluida con su padre, por increíble que parezca.

Quiere demasiado a su padre como para dejarle de lado o ha desarrollado lo que se llama Síndrome de Estocolmo Doméstico. En realidad, es difícil saber qué opción le ha hecho más daño.

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