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Tu padre y sus amigos han hecho historia

Todavía se escuchan los gritos. Así fue por dentro la asombrosa gesta islandesa

"Chicos, no digáis tacos como hacéis siempre. Han venido unos tíos que están grabando un documental sobre nosotros". Imposible cumplir la orden del seleccionador islandés Lars Lagerbäck. La gesta futbolística del país de Sigur Rós, de los alcaldes "anarquistas" o de los políticos procesados por la crisis es imposible de contar sin al menos un "JO-DER".

Las lágrimas de Eiður Gudjohnsen pensando que acaba de jugar su último partido con su país, el de la fallida clasificación al mundial de Brasil, da paso al logro más increíble del fútbol de élite de los últimos años, con permiso del Leicester City. Hablamos de Islandia llegando -y haciéndolo allí muy bien- a la Euro16 de Francia, la primera fase final que el país ha jugado en toda su historia. Un camino que el documental Inside a volcano, proyectado hoy en el Offside Fest de Barcelona, refleja.

Nada hacía preverlo. El grupo era duro: Holanda, Turquía y República Checa le cerraban el paso hasta Francia a Islandia. Pero fue precisamente tras ganar a los neerlandeses cuando empezaron a creérselo. Tres partidos, nueve puntos. La presión crecía. O no: todavía algún jugador comía despreocupadamente un croissant con Nutella en la previa del partido.

Hubo, en ese camino, nacimientos, muertes y alguna lesión grave. Pero también una nación de 330.000 habitantes que al unísono creyeron.

Y llegó el día decisivo. 3.000 de esos islandeses ocuparon Ámsterdam para ver el milagro. Prácticamente todavía se pueden escuchar los gritos de celebración en el vestuario después del partido. El catering por los suelos, los besos, los abrazos.

¡Islandia iba a jugar la Eurocopa!

Meses depués llegaría el verano francés. Inolvidable. Pasaron a la segunda fase sin perder ningún partido y en octavos echaron a Inglaterra en una noche épica. Los fans de todo el mundo agotaron la camiseta oficial disparando su demanda un 1800%. Solo Francia en casa pudo pararles.

De todo ello fue testigo directo en las gradas la afición islandesa. Su palmada vikinga de celebración asombró al mundo. Y entre el ruido, aislada con sus cascos rosas, Camilla, la hija de Freyr Skúlason, que apenas con meses ya tiene mucho que contar.

Su padre y sus amigos han hecho historia.

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