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Los hijos de la inmigración vuelven a África

Cada vez más jugadores criados en los extrarradios europeos redescubren sus orígenes marroquíes, argelinos o marfileños

Europa, cantera de África

Vuelve la Copa de África. Y con ella, vuelven muchos hijos de la inmigración al continente del que partieron sus familias en busca de un futuro mejor.

La cita que arranca el sábado en Gabón ya ha originado los tradicionales titulares de la prensa europea: al disputarse en enero, muchas grandes ligas pierden jugadores importantes. La francesa 69, la inglesa 39 o la española 19. En lo futbolístico, las favoritas son Argelia, Ghana, Egipto o los anfitriones en un torneo en el que no está Nigeria y que sigue dominado por entrenadores blancos y europeos.

En Gabón participarán 99 futbolistas nacidos o criados en Europa, lo que supone prácticamente un tercio de los contendientes. De esos, 44 han sido internacionales en categorías inferiores con Francia, Portugal o Suiza. En el caso del marfileño Zaha o el marroquí Carcela-González, llegaron a debutar con las selecciones absolutas de Inglaterra y Bélgica en amistosos.

Muchos han tenido que optar entre la selección de su país de nacimiento o la del origen de su familia. La actual Francia podría conformar un once de raíces africanas con Mandanda, Sidibé, Evra, Umtiti, Mangala, Kanté, Pogba, Sissoko, Matuidi, Fekir y Dembélé. Si añadimos a otros como Benzema, Nasri, Ben Yedder, N'Zonzi o Ben Arfa también en Les Bleus, a Lukaku, Benteke, Origi o Fellaini en Bélgica o Tah, Rudiger, Bellarabi o Gnabry en Alemania podemos hacernos una aproximación del semillero que supone África para el futbol europeo.

Corazón y despachos

A veces, la elección por una u otra selección suele estar condicionada en los despachos.

La federación española se apresuró a citar a Munir El Haddadi para un partido oficial nada más saber que su homóloga marroquí había contactado con el padre del futbolista. Apenas había debutado el valencianista en 1ª y ya se estrenaba con la absoluta en partido oficial, cerrando las puertas a un cambio de selección. Fue una especie de repetición de lo que ocurrió con Bojan Krkic unos años antes: otra convocatoria preventiva para que no jugase con Serbia. Y algo parecido a lo que ocurrió después de que la selección de Ghana se acercase al entorno de Iñaki Williams. Gareth Southgate, el seleccionador inglés, trató de persuadir a Wilfried Zaha para seguir con Inglaterra. Esta vez, en balde.

Dice el labortano Peio Sarratia, que trabajó durante más de 30 años en la federación francesa y actualmente es responsable de la cantera del Nacional de Montevideo, que "al final los buenos, salvo alguna excepción como Kanouté, juegan con Francia".

Ejemplos como Zidane o Vieira le dan la razón, pero la tendencia ha variado. La posibilidad de convocar a futbolistas que no hayan debutado con la absoluta en partidos oficiales permite a las diferentes federaciones incorporar jugadores, garantizando convocatorias, un gancho al que se agarran jugadores hasta por cuatro razones distintas: los que lo hacen por sentimiento de pertenencia, los que prefieren ser cabeza de ratón a cola de león, los que tienen dudas de que puedan ser convocados por la selección de su país de nacimiento o aquellos de eclosión tardía.

"Raperos de suburbio"

Las federaciones africanas se esmeran en convencer a los hijos y nietos de los inmigrantes. La mayoría ha nacido en barrios populares o en el extrarradio de grandes ciudades, rodeados de referencias culturales o sociales que les vinculan al país de origen de sus familias. No fue raro ver a la selección argelina bailando al son de Cheb Khaled, francés de adopción, antes del pasado Mundial.

Muchos de los jugadores han sufrido el estigma de ser ciudadanos de segunda en los países en los que nacieron.

La ola xenófoba se hace notar en Europa. En especial en Francia, donde los tics en el fútbol ya se apreciaron en el Mundial de 2010 después de la lamentable actuación de la selección gala. L'Équipe tildó a buena parte del equipo de "raperos de suburbio". El contexto pone así de su parte para el retorno a la madre patria, aunque sea a nivel de selección.

En Gabón'17 se podrían formar más de tres plantillas completas únicamente con jugadores nacidos en Francia. Aubameyang, Bakambu y Mahrez podrían formar una delantera temible en Les Bleus... pero juegan con Gabón, la República Democrática del Congo y Argelia.

En Marruecos, únicamente el malaguista En-Nesyri ha nacido y completado su formación en el país. Nabil Dirar comenzó a jugar en Molenbeek y Amrabat disputó los Juegos Olímpicos de 2008 con Holanda. Munir Mohand es de Melilla, mientras que Feddal, pese a nacer en Tetuán, creció en Catalunya. Entre los 23 convocados por Marruecos hay 11 franceses, 3 holandeses, 3 belgas, 2 españoles, un italiano, un alemán y un canadiense.

Sus vecinos argelinos no le van a la zaga: 17 futbolistas nacidos en Francia. En Senegal, además de sus seis franceses, destaca el catalán Keita Baldé. La República Democrática del Congo, Túnez, Costa de Marfil, Mali o Togo son otros combinados con amplia presencia europea.

Egipto, Uganda y Zimbabue están al otro lado, ya que completan sus convocatorias con futbolistas nacidos dentro de sus fronteras. Y no podemos olvidar la presencia de cinco futbolistas nacidos en Costa de Marfil en la escuadra de Burkina Faso: tras el golpe de estado que derrocó y asesinó al presidente Thomas Sankara en 1987, cientos de miles de burkineses emigraron o huyeron al país vecino, el mayor productor de cacao del mundo.

Multicultural, competida y marcada por las relaciones sociales y la política: no esperábamos menos de la Copa de África.

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