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La dura historia del exjugador de la NFL diagnosticado con ELA a los 34 años

Se estrena un documental sobre la historia de Steve Gleason, el exjugador de fútbol americano diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica poco después de retirarse

Steve Gleason tenía 34 años y llevaba tres años retirado del deporte profesional cuando en 2011 le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica (ELA). El estadounidense jugó durante 8 temporadas en los New Orleans Saints, siendo un pilar fundamental de la franquicia en labores defensivas.

Este viernes se estrena Gleason, el documental biogáfico sobre la vida de Steve una vez le diagnosticaron ELA, la misma enfermedad que dejó en una silla de ruedas a Stephen Hawking.

El ex safety de los New Orleans Saints entre 2000 y 2008 vio como su vida dio un giro de 180º. Con 34 años y apartado del deporte profesional, Gleason notaba como los músculos que le habían llevado a la gloria en la NFL se iban debilitando paulatinamente. Un mes después de que los médicos le confirmaran el mortal diagnóstico, su mujer Michel se quedó embarazada.

Y Rivers, el hijo de la pareja, se convirtió en el motor de Steve en su nueva vida. El exjugador decidió grabar el documental para mostrarle su legado.

Steve, con el apoyo de sus familiares y amigos, creó el Equipo Gleason, una fundación que recoge fondos para la investigación del ELA. El deseo de Steve es que en un futuro su hijo sea la cabeza visible de la fundación.

Y es que a pesar de luchar a diario contra la enfermedad, el estadounidense no pierde la fe en que algún día el ELA deje de ser una enfermedad terminal gracias a los avances científicos.

Pero Steve ya era solidario cuando todavía hacía alarde físico en la NFL, poniendo en marcha la fundación "Un Mundo Dulce", una organización que promulga la alfabetización y el ecologismo. Cuando el huracán Katrina destrozó Nueva Orleans, su fundación lanzó "Mochilas para la Esperanza", una iniciativa para socorrer a las víctimas más jóvenes. El proyecto recaudó más de medio millón de dólares.

Gleason sigue vistando regularmente a los pacientes del hospital infantil de Nueva Orleans. La ciudad que le vio triunfar en sus 8 años como profesional y donde donó sus rizos a "Cabellos para el amor", una empresa productora de pelucas para niños con cáncer.

“Cuando se puede reconocer y superar el miedo, la recompensa es increíble”, reflexiona Steve hablando de su enfermedad. El pago a día de hoy es ver crecer a su pequeño Rivers mientras ayuda a los demás, tal y como lleva haciendo toda su vida.

Cuando Rivers sea mayor y Steve ya no esté, quizá este se dará cuenta de que el futbol americano solo fue un preámbulo para que saltase a la fama todo un ejemplo de superación. Su padre.

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