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Sports

No es ningún héroe pero ya le ha salvado la vida a cuatro rivales

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El delantero Francis Koné sabe cómo actuar en situaciones delicadas

Omar Naboulsi

08 Marzo 2017 14:24

Francis Koné tiene 26 años, es togolés y hasta la semana pasada era un auténtico desconocido del fútbol. Con su 1,90m de estatura es el actual delantero tanque del Slovacko checo.

Su popularidad viene porque hace unos días le salvó la vida en medio del terreno de juego a Martin Berkovec, portero del Bohemians 1905.

Tan solo unos minutos antes Koné había recibido insultos racistas de la grada.



"Vi que el defensa se movía, así que no estaba preocupado por él. Sin embargo, el portero no se movía, estaba tumbado, y pude ver sus ojos en blanco. Estaba inconsciente o peor. Así que puse un pie sobre su pecho para mantener el brazo izquierdo firme y traté de meter los dedos en su boca", ha explicado el futbolista en The Guardian.

"La mandíbula estaba bloqueada, pero tenía que asegurarme de que no se había tragado la lengua. El reloj seguía corriendo. Dos de sus compañeros de equipo me ayudaron, lo movieron sobre un lado, que es lo que tienes que hacer para asegurarte de que los orificios estén abiertos, y finalmente aprecié sus dientes separados y sacó la lengua hacia atrás".



Lo hizo perfecto, tal y como se recomienda hacer en los primeros auxilios.

"La lengua se resbalaba con la saliva y en algún momento me mordió, pero no importa. Todo había terminado en unos pocos segundos, y cuando el portero trató de decir algo, ya sabía que iba a estar bien. Fue entonces cuando me levanté y me fui", dice un Koné que no era la primera vez que salvaba la vida de un futbolista...

Esta era la cuarta. Tuvo que repetir el proceso de auxilio en una ocasión en Tailandia y dos veces en África. "La primera vez un compañero se derrumbó después de sufrir una lesión en la cabeza en el gimnasio. Tuve que sacar la lengua de su garganta ese día, y también me mordió".

En la segunda ocasión un jugador se chocó con el portero y tuvo una mala caída sobre su cuello. Koné volvió a ser el primero en ir a socorrerle.



"La gente vino para ayudarme, incluyendo médicos, sosteniéndolo mientras le metía dos dedos en la boca para tratar de agarrar la lengua y deslizarla fuera. La tercera vez fue en África hace sólo dos años", explica. Unas desgracias que acabaron en susto gracias a su buen hacer.



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