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Dinero, huelga y cocaína: cuando los Spice Boys aterrorizaban Inglaterra

¿Gastas pasta en ropa y fiestas, apoyas a los huelguistas de tu ciudad y no consientes que rumoreen sobre tu vida privada? Este es tu equipo

El mote que tenían encima Robbie Fowler y alguno de sus compañeros en el Liverpool de mediados de los 90 lo dice todo: Spice Boys. Ni que decir tiene que era despectivo.

Para periódicos como el Daily Mail, Fowler, Steve McManaman, Jason McAteer, David James y Jamie Redknapp estaban más interesados en las fiestas y los cortes de pelo que en rendir en el campo. Además de clasista -a gran parte de la opinión pública británica le chirriaba ver ropa de marca y coches de alta gama paseándose por la ciudad obrera, y laborista, de Liverpool, justo cuando la Inglaterra oficial echaba el resto propagandístico con el chovinista lema 'Football is coming home' de la Euro'96-, la etiqueta se reveló inadecuada: el equipo red jugó aquellos años su mejor fútbol desde los gloriosos 80 de Rush, Barnes y compañía.

Gran parte fue de esto último fue gracias al nervio y la gracia de Fowler, con quien los tabloides se entretenían en inventar falsos noviazgos precisamente con una de las chicas Spice, Emma Bunton. Con 21 años, Fowler ya había marcado más de 100 goles para el Liverpool.

Sería con esa edad, en marzo de 1997, cuando iba a ser protagonista de una de las celebraciones de culto de la historia del fútbol. En un partido de vuelta de cuartos de final de la Recopa contra el Brann Bergen noruego, marcó, se levantó la camiseta del Liverpool y mostró la que llevaba debajo.

"Apoyo a los 500 trabajadores del puerto de Liverpool despedidos desde septiembre de 1995", se leía en un mensaje que además de apoyo a los estibadores de una huelga que duró tres años daba un nuevo significado a las letras de la marca Calvin Klein. Su compañero McManaman también llevaba una así, aunque no marcó. A la UEFA, que le multó con 2.000 francos suizos, y a la Premier, no les hizo ninguna gracia su gesto de solidaridad: fue el principio de la regla de la tarjeta amarilla en caso de que un jugador muestre algún mensaje de cualquier tipo en la camiseta interior.

Calvin Klein, por su parte, amenazó con demandarle.

Un par de años después, Fowler volvió a la carga. Esta vez para dejar otra imagen grabada a fuego en el imaginario colectivo del fútbol de las últimas dos décadas. Tras marcar en el derby de Liverpool al Everton, celebró el gol simulando que esnifaba la raya de cal sobre el césped. Dijo que lo hizo para responder a los falsos rumores sobre el uso de sustancias que sus rivales dejaban caer sobre él. A la federación inglesa volvió a no hacerle gracia el asunto y le encargó 32.000 libras de multa y la prohibición de jugar durante seis partidos.

Fowler acabó madurando su juego, jugó mundiales, eurocopas, ganó una UEFA y acabó retirándose entre Australia y Tailandia, pero aunque siguió marcando goles nunca volvió a rendir al nivel de aquellos tiempos de locura spice.

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