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Cuando secuestran y matan a once de tu familia

Roberto hacía poemas. A Miguel le gustaba ir a misa. A Alejandro, a la cancha. Dante puso un taller. Que Racing no les olvide

Decía el sociólogo Daniel Feierstein que un genocidio es un proceso que incluye la realización simbólica de lo ocurrido. Es decir, un relato sobre los hechos que solo pueda ser leído desde el punto de vista de los perpetradores.

En esta península lo sabemos bien. Los familiares de quienes acabaron en cunetas tras el golpe franquista son insultados por diputados del partido gobernante - "algunos se han acordado de su padre cuando había subvenciones para encontrarlo"- y arqueólogos son expulsados del Valle de los Caídos por retirarle unas flores a Franco, o lo que es lo mismo, por intentar hacer cumplir una Ley de Memoria Histórica que diez años después sigue costando uñas negras y penas de igual color. Aun quedan más de cien mil personas por identificar. 

El único proceso judicial del mundo contra los descendientes del franquismo lo instruye, y no es tan raro, una jueza argentina, María Servini. Allí, aunque no ha sido fácil, (gracias en parte a colectivos como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo) el 'Ni Olvido Ni Perdón' es más hegemónico que en España. Allí, es fácil ver a clubes de fútbol rendir homenaje a sus aficionados 'desaparecidos'.

Como Racing con el poeta Roberto Santoro. La suya es una de las once historias recopiladas en 'Los Desaparecidos de Racing' (Grupo editorial sur). Santoro, además de ser el primer recopilador de relatos futboleros del país, era un ferviente racinguista. También se autodefinía así: "hijo de obreros, tengo conciencia de clase, rechazo ser travesti del sistema".

Una patrulla de la dictadura de Videla se lo llevó de la escuela donde trabajaba el 1 de junio de 1977. No se le ha vuelto a ver, con vida o sin ella.

Como a Alejandro Almeida, estudiante de medicina. De niño le regalaron una pelota. A los pocos días de verle sin ella, sus padres le preguntaron que dónde estaba. 'Se la di a unos chicos que no tenían con qué jugar', respondió. Llegó a probar para entrar en el club, pero hubo chicos mejores. Como socio racinguista, disfrutó la Libertadores del 67. Más tarde empezó a compaginar la cancha del Cilindro - donde hubo fusilamientos disfrazados de enfrentamientos con 'subversivos'- con el 'Qué hacer' de Lenin', primero, y con la militancia en el Grupo Obrero Revolucionario después. Lo desaparecieron. Le busca, quien más, su madre Lidia. La conocen como Taty y es una de las históricas de Plaza de Mayo.

Miguel Scarpato también coleccionaba figuritas de Racing. Le acompañaba a la cancha el Padre Mugica, que más que en el Más Allá creía en lo que veía en las villas miseria. Mugica también era de Racing hasta que la Alianza Anticomunista Argentina, la Triple A, lo asesinó con 14 balazos tras decir misa. Scarpato escogió la Juventud Trabajadora Peronista, el brazo sindical de Montoneros. Sus restos nunca aparecieron.

Personas como Dante Guedes, fundamentalmente un militante de barrio. Abrió un taller mecánico el mismo día del golpe, el 24 de marzo del 76. Meses después lo detuvieron junto a su hijo Héctor y hasta le robaron las llaves de casa. De allí se llevaron hasta las escrituras. Su mujer y sus dos hijos restantes decidieron que no se separarían. Literalmente: si tenía algo que pasarles que les pasase a los tres a la vez. Encontraron los restos de Dante y del hijo mayor en el cementerio de Avellaneda.

A la clandestinidad tuvo que pasar Alberto Krug, pero a ir a la cancha no renunciaba. De hecho, allí, el día de partido, era el lugar y momento que tenía para reunirse con su padre y su hermano. También se lo llevaron. Tiraron su cuerpo al Río de La Plata.

Su madre Rosa estuvo meses pagándole la cuota de socio de Racing, porque con vida se los llevaron, y con vida los queremos.

Los clubes de fútbol en Argentina son aun entidades civiles, legalmente de sus hinchas. Por tanto víctimas colectivas de aquella época. Son comunidades, uno de los pocos espacios analógicos donde compartir vivencias que quedan. Familias con heridas.

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