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Tatuajes fascistas y depresión ahogada en cerveza: así acaba un NBA trabajando en una granja

Darko Milicic ganó un anillo pero nunca encontró la paz mental

A Darko Milicic se le considera uno de los grandes fiascos de la historia de la NBA. Con 18 años estaba llamado a dominar el baloncesto mundial y acabó dejándolo por la puerta de atrás.

Era un chaval serbio de 2,13m y 120 kilos con muy buenas manos y una capacidad de intimidación terrible. Todas las previsiones le consideraban como el próximo gran pívot de una liga ávida de jugadores interiores. Quizás por eso fue el número 2 del Draft'03, solo por detrás de Lebron James y escogido por delante de superestrellas como Carmelo Anthony, Dwyane Wade o Chris Bosh.

En su primera temporada solo jugaba los minutos de la basura, aunque ganó el anillo con aquella reedición de los Bad Boys de Detroit Pistons en 2004. En Michigan no le daban oportunidades, pero tampoco se las merecía. No aprovechaba su físico y prefería deambular por la pista lanzando cada balón que le llegaba.

Le traspasaron en 2006 a los Magic, pero su carrera ya iba cuesta abajo. No se lo pasaba bien jugando a baloncesto, llegando a pasar épocas de depresión.

"Yo soy un ganador, pero después de Detroit llegué a equipos que eran bandas, perdiendo de ciudad en ciudad, y al final me acostumbré a eso", admite en una entrevista a B92.

Milicic pasó de equipo en equipo con más pena que gloria. Era una sombra de aquel jugador que decían que era de los pocos que podían parar a Shaquille O'Neal a mediados de los 2000.

"Sólo tachaba los días del calendario, no podía soportar estar en Orlando. En Memphis entré en depresión; en Nueva York seguí haciendo cosas estúpidas, a Minnesota no quise ir y en Boston terminé de fracasar".

En 2013 dejó la NBA para siempre. Al año siguiente, con solo 29, anunció su retirada definitiva del baloncesto para dedicarse al kickboxing, pero no le fue mucho mejor. En su debut se tuvo que retirar en el segundo asalto por un corte en la espinilla y su técnica dejaba bastante que desear.

En aquel combate se pudieron ver los tatuajes que lleva en el torso. Son dos retratos de Nikola Kalabic y Momcilo Dujic. El primero era un comandante chetnik durante la II GM y declarado criminal de guerra por las autoridades comunistas yugoslavas. Dujic era otro militar chetnik y sacerdote ortodoxo.

Darko Milicic es un ultranacionalista serbio que venera a los chetniks, una organización guerrillera de tendencia fascista que defendía la monarquía serbia.

Por si fuera poco, a Milicic también se le vio hace varios años en una manifestación que pedía la liberación de Vojislav Seselj, el fundador del Partido Radical Serbio de extrema derecha. Seselj se entregó voluntariamente en 2003 al Tribunal de La Haya, que le acusaba de ocho delitos contra la humanidad y limpieza étnica en su proyecto de "La Gran Serbia" durante las Guerras de Croacia y Bosnia, aunque en 2014 fue liberado y absuelto de los cargos.

Fuera de la política, Milicic es un amante de la cerveza. En 2015 se filtró un vídeo del ex jugador bebiendo birra sin manos y descamisado, cantando en un karaoke mientras le da de beber a Kalabic y Dujic tatuados en una escena entre casposa y surrealista.

No se muestra arrepentido de las oportunidades que dejó escapar en la NBA. Simplemente reconoce que no estaba capacitado para tomarse el baloncesto como un trabajo.

“Mi mentalidad era completamente diferente, pensaba que yo era un elegido por Dios, así que me metía en peleas, me emborrachaba antes de los entrenamientos, discutía con todo el mundo. No estaba preparado para trabajar, así que, sí, yo era el problema", confiesa.

Después de amasar una fortuna de 52 millones en la NBA, un paso fugaz por el kickboxing y un intento frustrado de volver a jugar a baloncesto en Serbia, ahora es granjero en Novi Sad, donde asegura que ha encontrado la paz mental tanto ha tardado en encontrar. Lo que no le dio la fama que se lo dé su trabajo en el campo.

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