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El día en que Colombia compartió alegría con Pablo Escobar

Todo Medellín juega hoy para ganar la Libertadores. Y recuerda lo distinto que era todo en el 89, cuando Nacional ganó la Libertadores por primera y única vez

"Árbitro que no cumpla honestamente con su función será borrado del mapa". El mensaje que los narcos colombianos le dieron al árbitro Armando Pérez en noviembre de 1988 no admitía muchas interpretaciones. Tampoco el método para hacérselo llegar. Le habían secuestrado.

Los bandidos aseguraban hablar en nombre de seis equipos. Uno de ellos, Atlético Nacional de Medellín, ganaría seis meses después la Copa Libertadores. Cuando Leonel Álvarez anotó el penalti decisivo y apareció sobreimpresionado en TV Nacional Campeón Colombia ¡Te Quiero!, Pablo Escobar fue un hombre feliz.

Desde mediados de los 80, los cárteles de la cocaína estaban en contacto directo con el fútbol colombiano. El Cartel de Cali controlaba el América de esa ciudad, Gonzalo Rodríguez Gacha El Mexicano, el Millonarios de Bogotá, y Escobar el Nacional de Medellín.

Aunque pocos casos llegaron a los tribunales, se considera probado que El Patrón tuvo hombres dentro de la directiva de Nacional. Y el verde tiene el honor de que el primer extraditado de Colombia a EEUU de la historia fuera su expresidente Hernán Botero.

Lo peor, especialmente para los hinchas de Nacional, no es lo trabajoso que es convencer al resto del mundo de que aquella Libertadores del 89 no fue comprada por Escobar. Es que es casi inútil.

A ello contribuye que en el imaginario popular Pablo Escobar es una figura omnipotente especialmente ligada al fútbol, ya desde la construcción de campos en los barrios pobres que él mismo rehabilitaba en Medellín. El fútbol era para narcotraficantes como él una compleja mezcla de pasión honesta, lavadora de dólares y escaparate social.

Pero mucho más ayuda al mito la confesión —sin pruebas— de Juan Bava, uno de los jueces de línea del partido de semifinal entre Nacional y el Danubio uruguayo. Bava le contó a El Gráfico que la noche antes del partido se presentaron unos tipos en su hotel y le sugirieron que si los colombianos no ganaban, él era hombre muerto.

Bava asegura que no cogió la plata ofrecida. También contó que, ante el nerviosismo del árbitro principal en vista del ambiente del estadio Atanasio Girardot, Bava bromeó 'si faltan cinco minutos y esta gente no gana, entro a la cancha y la meto yo en un ángulo. Vos no te hagás problemas que de acá no salimos vivos'

No hizo falta. Nacional arrolló 6-0 a Danubio y se plantó en una final que no empezó bien. Perdieron 2-0 en Asunción contra el Olimpia.

La vuelta fue de esos partidos que parecen idea de algún guionista hambriento. Con un 0-0 al descanso, la copa volaba lejos, pero un gol en propia meta de los paraguayos nada más comenzar la segunda parte liberó parte de la tensión local. El Palomo Usuriaga marcó el segundo y hubo prórroga sin goles.

18 penaltis se tiraron en la tanda que decidiría el campeón. El portero René Higuita paró cuatro y metió uno. Cuando Leonel Álvarez hizo el definitivo, Nacional era el primer campeón de América colombiano de la historia.

Pocas veces —y ya es decir hablando de la historia reciente del país caribeño— ha estado tan difuminada la división entre fiesta y violencia. Nacional triunfaba en el año más violento, hasta ese momento, de la guerra entre el narco y las autoridades en Medellín. El cartel mataría incluso al árbitro Álvaro Ortega en noviembre y el campeonato se suspendería.

Más de 4.000 homicidios aquel 1989 le cambiaron hasta el nombre popular a la ciudad. De Medallo a Metrallo.

Hoy Metrallo suena viejo. Pero no hace falta ser muy veterano para saber que tres de los lanzadores de penaltis —Andrés Escobar, Albeiro Usuriaga y Felipe Pérez— que aquella noche hicieron campeón a Nacional, murieron acribillados no mucho después.

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